jueves, 18 de junio de 2015

Entrevista: MAITE NÚÑEZ

Maite Núñez lleva años recibiendo premios por sus relatos. ¿Cómo es que hasta ahora no habías publicado un libro con una selección de los mismos?
Pues puede que suene a falsa modestia, pero no me parecía que mis relatos merecieran ser publicados en forma de libro. Algunos de ellos habían aparecido en recopilaciones y alguna que otra revista, y, efectivamente, contaban con el aval –si se quiere decir así- de un premio, pero muchas veces me resulta difícil superar las inseguridades y abandonar esa lacra de la insatisfacción con lo escrito. Necesité que David Aliaga, el coordinador de la colección de Narrativa  Hispánica de la Editorial Base, me asegurara de todas las maneras posibles que el libro era bueno para que empezara a creer que era el momento de publicar.

Volviendo al tema de los premios, ¿qué crees que tienen tus relatos a la hora de llamar la atención de los jurados?
Lo que llama o no la atención de los jurados es tan variable como tantos concursos de relatos pueda haber ahora mismo.  Algunos de mis relatos premiados habían sido ignorados con anterioridad en otros certámenes. Lo que le gusta a un jurado puede estar en las antípodas de lo que valora otro, así que no podría decir. En algunas ocasiones los jurados hacen públicos sus comentarios. Recuerdo que de  “Asimetría” el jurado del V Concurso de Relatos del Diari de Terrassa dijo que era una narración “transgresora, de gran contundencia literaria y buena dosis de humor negro”. De “Reciclaje”, el jurado del VIII Premio de relatos Luis del Val valoró “su frescura y su lenguaje cinematográfico”.  Pero sobre todo intento ser honesta con lo que escribo, no sé si eso es algo que se perciba en lo escrito, intento no ser efectista.

¿Y qué tiene que tener un buen relato para ti?         
Me gusta mucho lo que dice Cristina Cerrada sobre el cuento. Lo define como el arte de lo no dicho, lo omitido. En sus propias palabras, el relato es “el agujero del donut”. A mí me interesa sobre todo el relato que cuenta algo que no está en lo explicado, aquel en el que pese más lo que no se dice que lo que se cuenta.  Para  mí, un buen relato es también aquel que tiene un final consecuente, no de traca. En mi concepción del cuento, un relato es un fragmento de vida y, en este sentido, no tiene final, ni abierto ni cerrado, no acaba nunca, sino que está siempre sucediendo.


El libro se titula Cosas que decidir mientras se hace la cena. ¿Qué cosas decide hacer o no hacer Maite Nuñez mientras se hace la cena?
El título plantea una metáfora significativa respecto del contenido del libro. Para mí las grandes gestas son las que suceden en el ámbito doméstico, las encrucijadas vitales que en ocasiones pasan desapercibidas fuera de nuestras cuatro paredes. El ser humano se enfrenta a continuas  tomas de decisiones en las que no siempre es capaz de dilucidar con facilidad lo que más le conviene .
En este sentido, no soy muy diferente del resto de mortales, así que cada día tengo algo sobre lo que tomar alguna decisión. Las decisiones que tomamos, más o menos acertadas, incluso aquellas que no tomamos, se convierten de alguna forma en el motor  o en el ralentizador de nuestra existencia.


¿Qué tiene de especial lo cotidiano?
Como decía, en el ámbito doméstico suceden, a mi entender, las batallas más importantes. Los objetos o las acciones cotidianas, en mis relatos, creo que catalizan los pequeños dramas domésticos por los que pasamos a diario.
Pero, en el fondo, lo que para mí tiene de especial lo cotidiano es que muchas veces, en estas historias de cocinas y dormitorios, nada es lo que parece. Me gusta decir que estas historias son la punta del iceberg de algo más grande. Si rascamos sobre la superficie de un gesto cotidiano como puede ser el bajar la basura podríamos encontrar infinidad de historias.   
Por otro lado, la soledad, la falta de comunicación, el no aceptar la realidad, el conformismo, la resignación ante la adversidad son algunos de los temas que me preocupan. Y todos ellos, creo, se desatan, tienen su máxima expresión, en el ámbito de lo cotidiano.
        
¿Por qué guardamos todos tantos secretos?
Creo que en la era de Internet cada vez guardamos menos secretos, todo se hace público. Creo que se ha perdido un poco la noción de lo secreto. Sin embargo, sigo pensando que hay cosas que es mejor no contarlas, es el único reducto que nos queda. Tal vez la única verdad posible sea la que no se cuenta.

Tus relatos tienen varios puntos en común. Uno de los temas que se repite es el del cáncer. ¿Te costó abordar este asunto en tus historias?
Sí y no. Sí, porque los cuatro relatos del libro que tocan el tema tienen para mí una fuerte carga emocional. Y no, porque abordarlos fue una decisión expresa. Quise hablar del tema. Y quise hacerlo abordando la enfermedad desde diferentes fases de la misma: la incertidumbre del diagnóstico, el impacto psicológico de una mastectomía, etc.  He intentado no caer en el sentimentalismo ni en el drama. Creo que el tema está tratado en alguno de los cuentos, incluso, con cierto toque de humor negro, con lo que intento quitar importancia a la enfermedad, reirme de ella. No en vano muchas veces escribo para deshacerme de lo que me preocupa o lo que me duele.

Otro punto en común es ese lugar en el que viven muchos de tus personajes, San Cayetano. ¿No se te ha ocurrido escribir un libro solo con esas historias?
Los relatos, en su mayor parte, suceden en San Cayetano, una imaginaria urbanización de casas exentas y con piscina, con barbacoas vecinales, símbolo de la incomunicación que asola a muchos de los personajes. En este sentido, creo que el libro que apuntas ya está escrito, y es este. Por otro lado, creo que también debo mencionar que hay otra localización en estos relatos, que es Londres, que funciona como paraíso imaginado, como un punto de fuga, aquel lugar al que huir, al que tender. En cambio, San Cayetano, que es-como he dicho- un lugar imaginario es aquel en el que ocurren las cosas en el plano de lo real. Y esta dicotomía creo que es más importante que el hecho en sí de que los cuentos tengan un  escenario común.



¿Cuál de estos cuentos te ha costado más a la hora de escribirlo?
Sin duda alguna, Todos los seres queridos. Fue el más costoso de escribir, tanto desde el punto de vista técnico como el emocional. Desde el punto de vista técnico, porque me costó encontrar un argumento que me ayudara al cien por cien a hablar del tema que yo quería. Pasé por diversas historias hasta que encontré que la de la mujer que busca niñera para su hijo era la que mejor se ajustaba a mi necesidad narrativa. En cuanto a las implicaciones emocionales eran, y son,  altísimas. Aunque escribirlo fue una catarsis.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en este libro?
No sé si espero algo. Creo que cada lector puede hacer su propia lectura de estos quince relatos y encontrar en ellos algo a la altura de sus expectativas. En general, me han dicho que son historias que te propinan un puñetazo, que son una aguja que se clava entre las costillas, que hacen daño. Creo que estas historias tienen la capacidad de conectar con el lector. Pero nada de esto es algo que yo me haya planteado de antemano al escribirlas.

Como verás, no soy la mejor entrevistadora del mundo. Seguro que te hubiera gustado que te hiciera otras preguntas. Si tienes algo más que añadir antes de terminar, ¡adelante!
He estado encantada de contestarte. Si puedo, querría añadir que, además de las redes sociales, la única manera en que un libro de una autora poco conocida, publicado por una editorial pequeña e independiente, puede llegar a crecer en lectores es el boca a boca, así que animo a que se lea, pero también a que se recomiende, se regale, en fin, que no muera antes de tiempo.

Como autora de novelas independientes, suscribo totalmente lo que acabas de decir, Maite.

Muchas gracias por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Espero que tengas mucha suerte con Cosas que decidir mientras se hace la cena y que pronto te veamos publicando otro libro. 

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