miércoles, 14 de enero de 2015

RELEER UN LIBRO

Hace unos meses tuve que mudarme. Los que ya hayáis vivido una mudanza alguna vez sabréis que es algo terrorífico, desde todos los puntos de vista imaginables. Sin duda, para mí, una de las peores cosas fue decidir qué hacer con mi biblioteca. Mi labor como reseñista me ha hecho acumular muchos libros a lo largo de los últimos siete u ocho años, y aunque una buena cantidad de esos libros no estaban ya conmigo, muchos otros permanecían en las estanterías preguntándome con sus temerosos ojos de papel qué iba a hacer con ellos. Había que pensar algo y a mí lo único que se me ocurrió fue llevarme conmigo aquellos libros que me habían gustado tanto, que estaría dispuesta a releer.
Releer libros no es algo que yo suela hacer mucho. Siempre tengo libros nuevos (o no tan nuevos) por reseñar, lo que no me deja tiempo para pensar en los libros que quisiera volver a revisar. Me he propuesto, eso sí, releer al menos un libro al año. Y si son dos, mejor.
El año pasado releí Dominios, de James Herbert. La primera vez que leí esta novela de terror apocalíptico yo tenía unos trece años. Recuerdo la emoción con la que leí aquel texto la primera vez. Por aquel entonces yo no estaba muy familiarizada con las novelas sangrientas y ciertas partes me dejaron muy impresionada. Leer la novela de nuevo no fue quizá tan emocionante o tan espeluznante como la primera vez. Pero, desde luego, mereció mucho la pena, pues el libro me pareció tan bueno como la primera vez que me encontré con él.
Hace unos días he terminado la lectura de Lucy Sullivan se casa, de Marian Keyes. Como muchos sabréis, y si no ya estoy aquí yo para contarlo, soy una fan incondicional de las novelas de la Keyes, para mí la mejor escritora de chick-lit habida y por haber.
Lucy Sullivan se casa es la segunda novela de la larga lista de la Keyes. En su día me encantó por el trasfondo de la historia, su protagonista alocada y el sentido del humor con el que Keyes escribió la historia. Sin embargo, hace ya muchos años que leí la historia y no estaba segura de si me iba a parecer tan interesante esta segunda vez. Marian Keyes ha evolucionado mucho como escritora, y yo, como lectora y persona en general en estos años. ¿Y si la historia ya no tenía tanta chispa para la Cris Monteoliva de ahora?
Ante la duda, lo mejor es siempre enfrentarse al problema, en este caso, el libro. Tras la lectura, de la que hablaré más ampliamente en otro artículo, he de decir que no salí para nada decepcionada: me he reído, he pensado mucho en los mensajes que transmitía y, como con toda novela de la Keyes, al final se me han saltado las lágrimas. Vale que no es la novela más lograda de la autora, pero, incluso con sus defectos, es una gran historia que leer una y otra vez.
¿Cabe la posibilidad que la relectura de un libro que me gustó en el pasado me deje fría? Puede que sí, ¿por qué no? Sobre todo porque, como decía antes, yo ya no soy la misma persona que leyó aquel libro por primera vez. He leído mucho más desde entonces, he aprendido muchas cosas, he crecido como persona. También os digo que si el libro es bueno de verdad, lo más probable es que encuentre en él nuevos aspectos en los que no recaí en el pasado, nuevos momentos de reflexión y emoción. Creo que a vosotros os pasará lo mismo. Así que, cada vez que tengáis ganas de releer un libro, ¡hacerlo sin temor! Siempre será mejor que quedarse pensando si estaría bien o no hacerlo, os lo aseguro.


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