jueves, 29 de enero de 2015

Reseña de GARABATO Y TINTA, de Ethan Long

Título: Garabato y Tinta
Autor: Ethan Long
Edita: Lata de Sal
Páginas: 40
Precio: 16,90 €

¿Cómo hacer que los lectores primerizos además de interesarse por las letras lo hagan también por el arte pictórico? ¿Es posible conseguirlo con un método ameno y divertido? ¡Claro que sí! Prueba de ello es Garabato y Tinta, el libro ilustrado de Ethan Long publicado por Lata de Sal del que a continuación os voy a hablar.
Garabato es un gato que dibuja a lápiz y Tinta, un ratón que pinta con pincel. Ni a Garabato le gusta lo que hace Tinta ni a Tinta lo que hace Garabato. Esto hace que los dos estén siempre peleándose. Pero, ¿es que alguna de las dos técnicas es mejor que la otra? ¿Y si los dos llegaran a un entendimiento? ¿No sería divertido ver el resultado?
Garabato y Tinta son un gato y un ratón, respectivamente, y se llevan como tal. Lo bueno es que después de mucho pelearse (de una forma muy divertida y creativa, por cierto), los dos personajes llegan a un entendimiento, lo que nos hace darnos cuenta de que encontrar un consenso es siempre mucho más productivo que estar siempre discutiendo.
Garabato y Tinta son unos artistas, cada uno en su estilo. Para llegar hasta donde están en estos momentos, han tenido que hacer lo que todos los grandes artistas: aprender mucho de todos los grandes pintores que vinieron antes. Antes de tener su propia personalidad artística, Garabato y Tinta los imitaron. Para saber quiénes son esos pintores famosos que copian en el libro, tendremos que tener un poco de paciencia y esperar a las últimas páginas, lugar en el que se nos detalla la vida de cada uno de ellos y se invita a los pequeños lectores a desarrollar al máximo la creatividad que llevan dentro.
Garabato y Tinta, en definitiva, es un libro didáctico lleno de color y creatividad que invita a los primeros lectores a adentrarse de una forma muy apropiada para su edad en el mundo del arte pictórico, además del de las letras. Una deliciosa obra que todos los niños deberían conocer.
Cristina Monteoliva 

jueves, 15 de enero de 2015

Escritores que escriben a mano (IV): ANIEL DOMINIC

Continuamos esta serie de artículos dedicado a los escritores que aún escriben a mano sus borradores con la ilustradora, maquetadora, correctora y escritora Aniel Dominic, quien amablemente me ha dejado tomarle un par de fotos, además de contestar a una serie de preguntas que me han ayudado a elaborar este artículo.
Aniel Dominic escribe desde la adolescencia. Empezó escribiendo los guiones de sus propios cómics. Después  pasó a narrar historias de fantasía, terror y ciencia ficción (cosa que sigue haciendo). Su primer relato se llamaba Hello Mr. Microphone y estaba inspirado en una canción de Tori Amos.
En el ámbito literario, Aniel ha participado en los recopilatorios Show me the zombis y Vampiralia y en dos proyectos más que saldrán a lo largo de 2015, y ha escrito artículos sobre manga en la extinta revista Ultimate Reports. Obras no publicadas, me cuenta, tiene a montones. De hecho, su carpeta de proyectos es un cajón desastre capaz de competir con la biblioteca de La Universidad Invisible. 

Cuando le pregunto cómo compagina su trabajo de ilustradora con el de escritora, Aniel me contesta que el desempleo deja mucho tiempo para compaginar todo.
Aniel prefiere escribir en papel porque le permite mayor concentración. Ante la pantalla del ordenador tiendo a recordad todas las cosas inútiles que no he hecho, y que por supuesto he de hacer de forma inmediata. Además, soy una fetichista del papel y la tinta. Me encanta como se desplaza la pluma sobre el papel, el olor mineral de la tinta, el sonido del trazo, me cuenta.
Aniel escribe en libretas de tamaño cuartilla, sin líneas y papel superior a ochenta gramos. Desde hace unos años escribe en libretas del tipo Moleskine. Son todo terreno, algo que necesito porque siempre me acompañan dos o tres en el bolso.
Además, Aniel escribe con pluma. Con tinta Diamine.
Nuestra autora trata de escribir, al menos, unas cuantas líneas al día. Si tiene un buen día, me dice, puede pasarse horas escribiendo. En esos días, aunque deje de escribir, su cabeza siempre está en la libreta.
Aniel es, en sus propias palabras, una animalilla de costumbres y le gusta escribir (si puede) siempre en el mismo sitio, y por lo general a la misma hora. Hace unos años podía escribir en cualquier lugar por ruidoso que fuera, pero ahora prefiere el silencio, roto quizá por algo de jazz. Aun así, todavía puede escribir en los conciertos. De hecho, siempre que va a uno de música en directo, le entran unas ganas tremendas de escribir.


En las libretas de las fotos, Aniel está escribiendo una novela de zombis, robots, mucho humor y algunos toques de ciencia ficción. (Yo conozco parte de la historia y el título de la obra, ¡pero no os lo pienso contar, ¡muajajaja!).
Si quieres saber más de Aniel, te recomiendo que visites su web de tiras cómicas de la divertidísima FlorZ: www.florz.es .Y su blog personal: http://freelikeus.blogspot.com.es
Por último, os dejo con unas palabras de Aniel: Saludos a todos los lectores de La Orilla de las Letras, que no hay ola más refrescante que la que nos llega desde ella.

¡Muchas gracias, Aniel! ¡Y gracias a todos los que habéis leído este artículo!

miércoles, 14 de enero de 2015

RELEER UN LIBRO

Hace unos meses tuve que mudarme. Los que ya hayáis vivido una mudanza alguna vez sabréis que es algo terrorífico, desde todos los puntos de vista imaginables. Sin duda, para mí, una de las peores cosas fue decidir qué hacer con mi biblioteca. Mi labor como reseñista me ha hecho acumular muchos libros a lo largo de los últimos siete u ocho años, y aunque una buena cantidad de esos libros no estaban ya conmigo, muchos otros permanecían en las estanterías preguntándome con sus temerosos ojos de papel qué iba a hacer con ellos. Había que pensar algo y a mí lo único que se me ocurrió fue llevarme conmigo aquellos libros que me habían gustado tanto, que estaría dispuesta a releer.
Releer libros no es algo que yo suela hacer mucho. Siempre tengo libros nuevos (o no tan nuevos) por reseñar, lo que no me deja tiempo para pensar en los libros que quisiera volver a revisar. Me he propuesto, eso sí, releer al menos un libro al año. Y si son dos, mejor.
El año pasado releí Dominios, de James Herbert. La primera vez que leí esta novela de terror apocalíptico yo tenía unos trece años. Recuerdo la emoción con la que leí aquel texto la primera vez. Por aquel entonces yo no estaba muy familiarizada con las novelas sangrientas y ciertas partes me dejaron muy impresionada. Leer la novela de nuevo no fue quizá tan emocionante o tan espeluznante como la primera vez. Pero, desde luego, mereció mucho la pena, pues el libro me pareció tan bueno como la primera vez que me encontré con él.
Hace unos días he terminado la lectura de Lucy Sullivan se casa, de Marian Keyes. Como muchos sabréis, y si no ya estoy aquí yo para contarlo, soy una fan incondicional de las novelas de la Keyes, para mí la mejor escritora de chick-lit habida y por haber.
Lucy Sullivan se casa es la segunda novela de la larga lista de la Keyes. En su día me encantó por el trasfondo de la historia, su protagonista alocada y el sentido del humor con el que Keyes escribió la historia. Sin embargo, hace ya muchos años que leí la historia y no estaba segura de si me iba a parecer tan interesante esta segunda vez. Marian Keyes ha evolucionado mucho como escritora, y yo, como lectora y persona en general en estos años. ¿Y si la historia ya no tenía tanta chispa para la Cris Monteoliva de ahora?
Ante la duda, lo mejor es siempre enfrentarse al problema, en este caso, el libro. Tras la lectura, de la que hablaré más ampliamente en otro artículo, he de decir que no salí para nada decepcionada: me he reído, he pensado mucho en los mensajes que transmitía y, como con toda novela de la Keyes, al final se me han saltado las lágrimas. Vale que no es la novela más lograda de la autora, pero, incluso con sus defectos, es una gran historia que leer una y otra vez.
¿Cabe la posibilidad que la relectura de un libro que me gustó en el pasado me deje fría? Puede que sí, ¿por qué no? Sobre todo porque, como decía antes, yo ya no soy la misma persona que leyó aquel libro por primera vez. He leído mucho más desde entonces, he aprendido muchas cosas, he crecido como persona. También os digo que si el libro es bueno de verdad, lo más probable es que encuentre en él nuevos aspectos en los que no recaí en el pasado, nuevos momentos de reflexión y emoción. Creo que a vosotros os pasará lo mismo. Así que, cada vez que tengáis ganas de releer un libro, ¡hacerlo sin temor! Siempre será mejor que quedarse pensando si estaría bien o no hacerlo, os lo aseguro.


domingo, 11 de enero de 2015

Entrevista: ALEJANDRO PALOMAS

¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Recuerdas algo de tus primeros escritos?
Empecé a escribir cuando era muy niño, no sabría dar una edad exacta. Recuerdo, eso sí, que para mí un papel no era la posibilidad de dibujar, no eran colores, sino un mar en blanco que podía llenar de letras y todavía recuerdo esa fascinación, ese pensar “todo esto está vacío y yo puedo llenarlo de letras, algunas sueltas, otras unidas, pero todo esto es mío”. Esa sensación es la que sigo teniendo aun hoy cuando me enfrento al principio de una novela, a la hoja en blanco. Para mí no hay pánico. Hay aventura. Y emoción. Toda.Recuerdo que mi primer escrito fue una pequeña redacción sobre una colilla que viajaba por las cloacas de una ciudad hasta encontrar el mar. Se titulaba “Historia de una colilla”. Después llegaron otros que no recuerdo, aunque sí recuerdo que enseguida empecé a escribir poemas en servilletas que rescataba de la papelera del colegio.

¿Qué tiene que tener un libro, según tú, para ser indudablemente bueno?
Alma. Un libro tiene que tener el alma de quien lo escribe, no hay más. Cuando al leer lo que intuyes es un vacío, un no-compromiso detrás, la lectura se convierte en un ejercicio mecánico, mental… la emoción deja de implicarse. Si el lector o la lectora no se implica en lo que lee, si no hay comunión inconsciente, se rompe la magia y el hilo que une al escritor o escritora con quien está al otro lado, se desprende.

Si no fueras escritor, ¿a qué crees que te hubieras dedicado?
Me habría gustado ser librero, muchísimo. Me apasiona recomendar libros, me da la vida. O quizá es un poco una cuestión de ego desbocado lo de saber que recomiendas y aciertas. Librero, sí. Me habría gustado también ser guardabosques.



¿Por qué escribir en estos tiempos?
Porque son los tiempos que me han tocado vivir. Yo escribo encapsulado, ajeno al tiempo, a las dificultades que se ciernen sobre la edición, la publicación, la venta. De eso me ocupo (me ocupan) después. Escribo porque no sabría no hacerlo. Mi vida es escribir y soy lo que escribo, de modo que no puedo plantearme más. Hay muchos lectores y lectoras que buscan respuestas en nuestros libros y yo soy un incansable investigador de respuestas.

¿Se basan tus personajes, los de Una madre, en personas reales?
Sí. Mis personajes siempre se basan en personajes reales. Es más, yo nunca pienso en mis personajes como “personajes”, sino como “personas”. Viven conmigo, están a mi lado, hablo con ellos, son parte de mi vida diaria. Amalia, Mencía, Clea, Lía, Flavia, Fer… todos parten de modelos reales que yo “customizo” para convertirlos en verosímiles. Yo escribo sobre lo que tengo más cerca, sobre lo que domino, sobre lo que toco y puedo modelar y moldear, de lo contrario tendría que inventar sobre la nada y eso no sé hacerlo.

¿En qué se parece Fer, el hijo de Amalia (la madre) a ti?
Fer se parece a mí en casi todo porque es mi voz y porque su mirada es la mía. Eso no quiere decir que Fer sea yo, que nuestra andadura vital sea la misma. Él mira y calla mucho. Yo no. Yo soy mucho más intervencionista y más impaciente. Él es una balsa de aceite. Yo soy muy explosivo. Pero el arquetipo sobre el que he construido su personaje es mi propia columna vertebral, respiramos igual, tenemos el mismo color.

Y, a todo esto, ¿qué te parecen las novelas noruegas?
Te seré sincero: si me preguntarás el título de alguna novela noruega publicada en los últimos cinco años, no sabría qué responderte.
  


Aunque a lo largo de Una madre se van llenando muchos huecos, a mí personalmente se me han quedado muchos otros que me encantaría llenar. ¿Has pensado en convertir la historia de Amalia y su familia en una trilogía?
Absolutamente. Lo he pensado, lo pienso, lo sigo pensando… lo pide, noto que lo pide, y cuando yo oigo a mis personajes pedir quedarse, termino por ceder. En este caso, los quiero tanto, los tengo todavía tan cerca, que algo me dice que no van a irse. Veremos.

Una madre va por su cuarta edición en el momento en el que tecleo estas preguntas, ¿esperabas un éxito así?
No, no lo esperaba. De hecho, tenía mucho miedo de que no funcionara, de que no gustara. Curiosamente, eso es algo que no me había pasado jamás con ninguna novela anterior. Todavía no sé por qué ese miedo, de dónde. El éxito de “Una madre” es, creo, su combinación de comedia y drama en un punto justo que he conseguido sin calcularlo, simplemente mostrándome como soy, con mi ritmo, con mi voz más tranquila y sobre todo con unas ganas tremendas de sentirme cerca de mis lectores/as.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
En marzo saldrá mi siguiente novela, “Un hijo” (“Un fill” en catalán) con La Galera. Es una gran apuesta, con un protagonista tan especial como Amalia, tan tierno, tan fuerte y tan cercano. Creo que, visto lo ocurrido y lo que sigue ocurriendo con “Una madre”, esta vez sí voy a prepararme para la buena acogida J . Aparte de eso, estoy preparando la adaptación teatral de “La isla del aire” para este año y pensando en la siguiente novela, que está ahí, que ya se anuncia, pero que exige tranquilidad y silencio para poder darle salida en el papel.

Muchas gracias por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales, Alejandro. ¡Y mucha suerte con tu nuevo libro! Y también con Una madre, por supuesto.

Reseña: UNA MADRE, de Alejandro Palomas

Título: Una madre
Autor: Alejandro Palomas
Edita: Siruela
Páginas: 248
Precio: 17,95 € / 8,99 € versión kindle y epub

El tiempo pasa muy deprisa. Los hijos crecen, se van de casa y, casi sin que los padres se den cuenta, acaban teniendo una vida totalmente independiente a la de ellos. Para juntar a toda la familia a veces solo quedan las bodas, los bautizos, las comuniones y, por supuesto, las fiestas navideñas. Como la Noche Vieja, por ejemplo. ¿Qué a qué viene todo esto? A que precisamente así, con una reunión de Noche Vieja, comienza Una madre, la novela de Alejandro Palomas de la que hoy os vengo a hablar.
Faltan pocas horas para que acabe el año y Amalia ya lo tiene todo preparado en su modesta casa para la cena familiar. En la espera la acompañan su hijo Fer, vigilante incansable de las locuras de su progenitora y recopilador incansable de todas las anécdotas familiares, y un par de cariñosos perros. Poco a poco van llegando Silvia, la hermana mayor, Emma, la mediana, y su novia Olga y, por supuesto, el díscolo tío Edu. La cena transcurre entre risas, pero también entre unas cuantas lágrimas. Y es que Amalia se ha propuesto conseguir que todos los asistentes a su fiesta comiencen un nuevo año más felices de lo que dejan el anterior y hará todo lo posible por conseguirlo, aunque para ello, como decía antes, haya que llorar un poco primero.
Esta es la historia de Amalia, una mujer capaz de dejarse embaucar por el primero que pase por la calle y le sonría, de hilar conversaciones sin pies ni cabeza, de no darse cuenta de cuándo ha de comportarse como una persona adulta. Un ser frágil, pero también fuerte, sobre todo porque es madre. Una buena madre.
Fer, el narrador y uno de los personajes de esta historia, piensa, al igual que sus hermanas, que su madre es un desastre. Lo prueban el sinfín de anécdotas que puede contar de ella. También el comportamiento que su progenitora está teniendo precisamente esta Noche Vieja mientras espera a los demás, y más tarde, durante la cena. Lo que Fer no sabe es que su madre, Amalia, haría cualquier cosa por ver felices a sus hijos. Por eso los ha reunido esta noche.
Pero, ¿qué le pasa a los hijos Amalia? ¿Y a su hermano Edu, también invitado a la cena? Muchas cosas que se pueden resumir en una: la vida. La vida, que nos da vueltas a todos, que nos trae sinsabores y alegrías con cuentagotas. Esa vida que a veces sabemos capear y otras veces, nos supera. Y si nos supera, y si no podemos salir del agujero en el que estamos, ¿no es bueno que haya alguien a nuestro lado que tire de nosotros y nos haga ver que mientras queda vida ha de quedar también ilusión por todo lo bueno que vendrá?
Puede que aún no hayas oído hablar de Una madre, esta estupenda novela de Alejandro Palomas. Sin embargo, esta obra va ya por su cuarta edición. ¿Cuál es el secreto de su éxito, aparte de su estupendo argumento? Yo diría que son varios, empezando por lo bien dosificados que están los momentos cómicos y los dramáticos en la historia. Así, Una madre comienza como una comedia en la que no puedes parar de reír con todas esas disparatadas anécdotas que acumula Fer y que no teme contarnos, para ir dando paso, poco a poco, a momentos mucho menos felices, algunos, totalmente dramáticos, hasta hacer comprender al lector que esta es una novela llena de luces y de sombras en la que han de ganar las primeras.
En segundo lugar destacaría lo bien elegido que está el momento de la narración. Así, la Noche Vieja es por fin eso que todos esperamos que sea: un tiempo en el que se deja atrás lo malo y se da la bienvenida a lo bueno que nos espera en el recién estrenado año.
Finalmente, me gustaría hablaros de lo bien perfilados que están todos los personajes, con sus virtudes y sus defectos, sus debilidades y sus fortalezas. Son humanos. Son cercanos. Son, una vez terminados de la lectura, casi miembros de nuestra propia familia.
Una madre, en definitiva, no es solo una gran novela por la maravillosa e inolvidable historia que contiene, sino también por su estilo, su estructura, sus personales: por lo bien escrita que está. Una de las mejores novelas que leí en 2014. La recomiendo encarecidamente. ¿Qué me decís? ¿Hacemos que llegue a la quinta y la sexta edición?
Cristina Monteoliva

jueves, 1 de enero de 2015

ESCRITORES QUE ESCRIBEN A MANO (III): Benjamín Recacha García

El segundo de los autores que se han prestado a colaborar con su testimonio y sus fotos personales es Benjamín Recacha García.  



Benjamín escribe desde niño. De hecho, recuerda que le encantaba crear historias bastante alocadas que leía en clase de lengua a sus compañeros, lo que resultaba muy divertido.
Hasta la fecha, solo ha publicado como la novela El viaje de Pau, aunque también tiene en cartera una novela gráfica, Memorias de Lázaro Hunter, un western que está ilustrando su hermano Fran; y está a punto de acabar una segunda novela, que espera publicar durante la primera mitad de 2015 (yo también espero que así sea).
El motivo principal por el que Benjamín prefiere el papel a la pantalla para sus primeros borradores es que de esta manera se siente más libre escribiendo. El ordenador es una fuente continua de distracciones, me cuenta: por mucho que se plantee aislarse, le resulta imposible. Primero, por el zumbido del ventilador de la torre, que se le clava en el cerebro. También le molesta el brillo de la pantalla. Total, me comenta, que está mucho más relajado escribiendo en papel, y confiesa que le encanta hacer tachones.



A Benjamín le valen todos los tipos de libreta a la hora de escribir, aunque por su último cumpleaños su pareja le regaló un flukebook hecho a mano, con páginas pautadas, que le ha encantado. De hecho, es donde ha escrito la mayor parte de la novela en que está trabajando, y creer que va a tener que pedirle otro a los Reyes. (Ojalá se porten bien y la traigan).
Benjamín escribe con bolígrafo. El Bic azul o negro de toda la vida le valen, me cuenta, puesto que no es nada elitista.
Nuestro autor procura escribir a diario porque es la mejor manera de adquirir el hábito, aunque sólo sea una hora. Benjamín cree que a muchos escritores (él se incluye) les pasa que tienden a agarrarse a la mínima excusa para hacer antes cualquier otra cosa, casi siempre de “vital” importancia. Procrastinar lo llaman, ¿no?, me dice.
Últimamente Benjamín escribe en la mesa del comedor, casi siempre con música, pero cuando hace buena temperatura sale a la terraza o se escapa a algún parque. La música entonces la ponen los pájaros. Rodeado de árboles es donde se siente más inspirado.
El escritor no recuerda haber escrito en sitios muy raros: el metro, el bus…Quizás lo más raro sea de pie, esperando al bus, o incluso andando por la calle. A veces las ideas no esperan y si no las apuntas acaban perdiéndose para siempre, afirma.
  


Le pregunto si puede contarnos algo sobre lo que está escribiendo en las libretas de las fotos que me ha facilitado y me contesta que por supuesto, que de hecho ya ha compartido algunos fragmentos en su blog y en su página de Facebook. Es una historia de superación personal. Un hombre que padece la peor tragedia que puede sucederle a un padre y que tras pasar varios meses en el hospital inicia un viaje en el que espera descubrir si le quedan motivos para seguir adelante con su vida. En el camino irá cruzándose con personas muy diversas, muchas con historias duras a sus espaldas, y se verá envuelto en un asunto bastante feo, con mafiosos y polis de por medio. La otra protagonista de la novela es una mujer a la que la vida también la lleva a iniciar un nuevo camino, en el que tiene un peso significativo el blog en el que escribe.
El punto de partida es muy duro, un comienzo de los que suelen resultar incómodos al lector, pero no es una novela trágica. De hecho, nuestro autor espera que acabe dejando buen sabor de boca. 
Muchas gracias, Benjamín, por participar en este espacio. Ojalá pronto acabes tu novela y viaje lejos, muy lejos, a todos los lectores del mundo.

Y tú que lees esto, si quieres saber más sobre Benjamín Recacha García, visita www.benjamínrecacha.com

Reseña de EL VIAJE DE PAU, de Benjamín Recacha García

Título: El viaje de Pau
Autor: Benjamín Recacha García
Páginas: 350
Precio: 14 € (papel) / 2,68 € (ebook)
A la venta: www.amazon.com / www.benjaminrecacha.com (entre otros puntos de venta)

¿Eres feliz en tu trabajo? ¿Qué tal tus relaciones personales? ¿Piensas que estarías mejor en otro sitio haciendo cosas totalmente diferentes a las que haces ahora, y con personas que quizá aún no has conocido? Seguro que habrá mucha gente que te diga que si es así, lo que tienes que hacer es dar el gran paso. Yo no voy a decirte eso, puesto que sé que las cosas a veces no son tan fáciles. Aunque en otras ocasiones, todo viene prácticamente por casualidad. Si no me crees, puedes comprobarlo con la lectura de El viaje de Pau, la novela de Benjamín Recacha García de la que quiero hablarte.
Pau tiene un trabajo que no le gusta, una novia con la que apenas se ve y unas ganas tremendas de dejar Barcelona para emprender una nueva vida. Una noche, conoce a Sandra, maestra de día y bailarina exótica de noche; la persona a la que le confiesa todos sus anhelos. Más tarde, Pau llegará también de forma casual hasta Diego, un pastor del Pirineo retirado al que sus hijos obligan a estar en una residencia. Así, casi sin darse cuenta, Pau comenzará su ansiado viaje vital. Aunque, ¿le llevará este hasta donde él quería en un principio?
Toda novela supone un viaje tanto para sus personajes como para el lector, puesto que se comienza de un punto A y se acaba en uno B, C o incluso D. En el caso de El viaje de Pau, el viaje, además de metafórico, es literal, puesto que Pau, ese hombre desencantado de su vida, acabará viajando hasta el Pirineo aragonés, concretamente hasta Bielsa, lugar en el que se sentirá mucho mejor que en Barcelona.
Parece simple, pero no lo es tanto. Primero, porque Pau tiene una vida en Barcelona que ha de dejar por completo, lo que no es tan sencillo ni para él ni para nadie en su lugar. Segundo, porque durante su aventura va a verse implicado en varios problemas serios y la resolución de un misterio, cosa con la que Pau no contaba.
Lo dicho hasta ahora puede hacer pensar al futuro lector que estamos ante una historia muy centrada en Pau, su protagonista, cuando en realidad nos encontramos ante una novela coral con personajes incluso de épocas pasadas; todos ellos con muchas ganas de tomar la voz de mando continuamente.
En primer lugar, por supuesto, tenemos a Pau, ese treintañero desencantado de su vida que anhela un cambio radical.
El bueno de Pau no tarda en encontrarse con Sandra, una veinteañera de mente abierta que trabaja tanto de maestra como de bailarina exótica.
Pero Sandra no viene sola. Tras ella está un ex celoso dispuesto a amargarle la existencia. El tema de los celos y la violencia machista queda sobre el tapete de la mesa. La cuestión es: ¿cómo se resolverá este problema?
Por otra parte tenemos a Diego, un pastor jubilado que recala contra su voluntad en una residencia para ancianos junto a su perro. Pau y Sandra dan con él por casualidad y a partir de ahí todo cambia para los tres. Pau viajará con Diego al Pirineo y pronto conocerá la triste historia de su padre, ajusticiado vilmente durante la Guerra Civil. Durante un buen número de páginas, conoceremos la historia de Emilio, el padre de Diego, una historia que nos habla de guerra, amor por la naturaleza y de finales injustos que la Ley de la Memoria Histórica debería resarcir de alguna manera.
Otros temas que se trata en esta novela gracias al personaje de la niña Ariadna son los del alcoholismo y el de los padres que desatienden a sus hijos. Como es de esperar, al final todo queda resuelto también; pero yo no os voy a contar cómo.
El viaje de Pau, en definitiva, es una novela que trata bastantes temas actuales y que, para ello, cuenta con un elenco muy variado de personajes. Si tú, como Pau, también necesitas un buen viaje, pero no tienes mucho dinero, tal vez deberías pensar en hacerte con un ejemplar y conocer un buen puñado de buenas historias. ¿Te animas?
Cristina Monteoliva