martes, 2 de septiembre de 2014

LA CEGUERA DEL ESCRITOR

Después de cinco meses de escritura (o siete, o veinte) por fin tienes acabado tu primer borrador. Es tiempo de dejarlo reposar un tiempo para ponerte a revisarlo concienzudamente más tarde. Tantas veces como creas necesario. Hasta quedarte ciego. Y cuando digo que te vas a quedar ciego no digo que vayas a perder literalmente la vista, sino que va a llegar un momento en el que estés tan viciado con tu texto que al releer lo hagas muy por encima, casi como si recitaras las frases de memoria, de tal forma que incapaz de identificar algunas faltas que te quedan por corregir.
Para evitar este tipo de ceguera del escritor (no es la única, luego os cuento), puedes dejar el manuscrito durante otro tiempecito en el cajón y retomarlo con más frescura dentro de unos meses. Probablemente así consigas ver más cosas que corregir (incluso puede que después del barbecho veas que tu manuscrito necesita unos retoques grandísimos). Me temo, sin embargo, que la ceguera del escritor volverá con las nuevas revisiones, y al final no te va a quedar más remedio que pasar al siguiente paso: enviarle tu manuscrito a otra persona para que te lo corrija.
Para corregir un texto no vale cualquiera, desde luego; de ahí que haya tanta gente ofreciendo sus servicios a cambio de una remuneración económica. Si no puedes pagar un profesional, piensa en algún amigo o conocido que tenga buen ojo a la hora de detectar las faltas de ortografía, errores sintácticos y de estilo. Si te mueves por el mundo de la escritura, te será bastante fácil, ya que conocerás a otros escritores, a reseñistas con vista de lince, etc.
Muchas de las recomendaciones de tu amigo te pueden parecer discutibles. De hecho, algunas sí que pueden serlo. Pero recuerda: un “es que a mí me gusta cómo queda así” no es una argumentación muy fuerte que digamos a la hora de defender tu postura. Tampoco un “no lo voy a poner así solo porque tú lo quieras”. Si la otra persona no ha captado lo que querías decir tal y como tú lo habías imaginado dentro de tu cabeza, tal vez tengas que trabajar un poco más el texto.  Si te dice que esa parte que tanto te gusta no casa con el resto del estilo de tu obra, probablemente tengas que echarle un vistazo. Si tu amigo piensa que has usado una palabra que ni siquiera existe, no te empeñes en dejarla porque sí. En definitiva, no te cierres en banda y considera detenidamente todas las recomendaciones que la otra persona te haga pues si las hace precisamente es por tu bien y el de tu texto, no porque no tenga otra cosa mejor que hacer que ponerse a corregirte en plan puñetero.
Seguro que estás pensando “vale, pero tú has dicho que algunas correcciones sí que admiten discusión”. En efecto, en efecto. En este caso, ¿cómo ver quién tiene razón? En algunas ocasiones, basta con que le expliques tu postura al corrector, que esta persona se vuelva a leer tu texto y vea lo que quieres decir.  En otras, sin embargo, tendrás que buscar a una segunda e incluso una tercera opinión de personas que entiendan de corregir textos. Si estas personas opinan como el primer corrector, lo más probable es que tú estés equivocado. Y viceversa.

Generalmente, los autores que no admiten correcciones de otros, de ningún tipo, sufren también de ceguera: la que les produce su propio ego. Durante años han escrito totalmente convencidos de que lo hacen de maravilla, ya sea porque están autoconvencidos o porque los demás se lo dicen continuamente. Esto último es lo más común. Al fin y al cabo, todos los que escribimos tenemos amigos que son fans nuestras obras. De toooooda nuestra obra. Pero, ojo, ¡que ellos son fans! Devoran tus historias con ansia, con devoción infinita y, por supuesto, sin identificar los fallos. Claro que está muy bien tener este tipo de lectores (ellos van a comprar tus libros y van a hacer que tu carrera avance a lo largo del tiempo), aunque mejor déjalos fundamentalmente para la fase de publicación. Cuando estés revisando tu obra, si de verdad quieres que ésta esté escrita lo mejor posible desde todos los puntos de vista imaginables, busca un par de lectores con buen ojo, y al menos uno que, como te decía antes, te haga correcciones en profundidad. Con el tiempo, espero, te darás cuenta de que así las cosas van mucho mejor.

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