jueves, 10 de julio de 2014

SOBRE LOS LIBROS MALOS


Siempre he pensado que de todo libro, incluso del más malo, podía sacarse algo bueno. También siempre he sido consciente de que cada libro, independientemente de la calidad de su prosa o de su historia, tiene su público. Por eso, cuando creé La Biblioteca Imaginaria lo hice con la idea de ofrecer a los seguidores “recomendaciones literarias”: reseñas dirigidas no a todos los lectores, sino a los lectores concretos de los libros que íbamos reseñando. Esta misma filosofía me ha guiado durante el año de vida de La Orilla de las Letras. Hasta ahora.



A veces como reseñista te topas con libros que no te entran de ninguna manera. Generalmente, esto se debe a que son libros malos, aunque pueden darse otras causas. Siempre aconsejé a mis colaboradores cuando era la coordinadora de La Biblioteca Imaginaria que no terminaran de leer aquellos libros que les resultasen una tortura, y que tampoco reseñaran aquellos que no podían recomendar de ninguna manera.
No sé a vosotros, pero a mí en verano me apetece leer cosas más ligeritas: historias divertidas, de zombis, de aventuras en busca de tesoros… Cosas que entretengan y hagan soñar, ¡y con las que no tengas que pensar mucho! Con esa idea empecé un libro hace un mes, sin saber que esa lectura iba a convertirse en una tarde en Granada en un piso al sol sin aire acondicionado, ni un mísero ventilador. Después, días más tarde, me topé con otro no menos soporífero. Y luego otro, y otro, y… En fin, que este verano se está convirtiendo en un no parar de libros malos desde un punto de vista o de otro, por lo que hace un par de semanas decidí tomármelo con sentido del humor. Mucho sentido del humor. 



¿Qué no te convence lo de leerte un libro malo por buscar los fallos y reírte con lo más disparatado? Pues entonces piensa en tu ego como escritor.
Imagina uno de esos días en los que te has pasado horas y horas delante de un párrafo de tu nuevo libro sin conseguir avanzar. Escribes una frase, no te convence, la borras. Escribes otra, te parece un espanto, la borras. Así todo el rato. ¿Cómo te sientes al final? Fatal. En un maldito agujero de autocompasión con miles de demonios a tu alrededor diciéndote que no has nacido para esto, que por más que lo intentes, no conseguirás escribir un párrafo decente. ¿Qué haces entonces? Sencillo: elijes un libro malo, te sientas en tu sofá y lees un rato. Ya verás lo bien que te sientes después de un rato, ¡un maldito Dios de las letras! Pero, oye, que no se te suba a la cabeza. Ponte de nuevo a escribir sabiendo que no vas por mal camino si eres capaz de ver tus propios errores, ¡pero que no se te suba a la cabeza! 


Hace unos días pensé escribir algo sobre los libros malos. Entonces llegó hasta mí este artículo y me di cuenta de que mejor no se podía explicar: http://seleucidproject.wordpress.com/2013/01/28/que-es-mala-y-por-que/
Por favor, no dejéis de leerlo. Es tremendamente esclarecedor, y los ejemplos (VIDEOS) son simplemente tronchantes.
Pero volvamos a la idea del principio: cada libro, incluso los malos, tienen sus lectores. Entonces, el problema no es de los escritores, que escriben mal; sino también de los lectores, que leen también lo malo.
Pero, ¿no deberíamos intentar los escritores ofrecer siempre lo mejor posible, sea como sea? Porque se supone que estamos para crear literatura. Deberíamos ofrecer esas historias que demandan los lectores, sí; pero procurando siempre escribir de la forma más correcta posible. Y las editoriales, ¿no están descuidando últimamente su labor a la hora de “editar”?
Dicho esto, que cada uno lea lo que quiera y que sea feliz con sus lecturas. Al fin y al cabo, de eso se trata. Yo, por mi parte, seguiré leyendo libros con ciertas cosas muy claras, y cuando me tope con uno malo, me lo tomaré con calma. Si la historia merece mínimamente la pena, seguiré leyendo y tomaré nota de los fallos que no debería cometer yo misma en el futuro. Y si no hay por donde cogerlo, dejaré de leer en la segunda página y me pondré a otra cosa.

2 comentarios:

  1. Excelente entrada, y genial el enlace. Debo ser de las pocas personas que no ha leído "La sombra del viento" (lo tengo en algún estante, todavía sin abrir y, francamente, me temo que se quedará así por los siglos de los siglos), ni ninguna otra obra de Zafón, y veo que no me pierdo gran cosa.

    Hay un tema que me irrita mucho, y es la ausencia de "editores" en España. Me explico: en el mercado anglosajón, los editores son profesionales muy cualificados que revisan los originales con minuciosidad y procuran que el libro que se publique sea el mejor posible. No hay apartado de agradecimientos en ninguna novela inglesa o norteamericana que lo incluya en el cual el autor no dedique palabras de elogio a su editor (o sus editores). Sin embargo, en nuestro país, parece que nadie se lee los manuscritos antes de publicarlos. Del mismo modo, da la impresión de que nadie revisa las traducciones en busca de incoherencias (y te puedo asegurar que abundan, probablemente porque hoy en día cualquiera que haya hecho el curso de "El inglés con mil palabras" se consiera capacitado para traducir una novela).

    Así, el mercado está saturado de libros en los cuales tenemos que soportar faltas de ortografía, palabras fuera de contexto, personajes cuyo nombre varía según la página y disparates varios. Recuerdo una novela en la cual el autor se empeñaba en llamar "anular" al dedo índice, y lo hacía docenas de veces, por ejemplo.

    Y en la prensa pasa lo mismo. Hace algunos años existían personas encargadas de revisar cualquier artículo antes de que viera la luz, para eliminar cualquier error o incoherencia. Hoy, se publican disparates bochornosos a diario.

    Empiezo a temer que el nivel de los lectores va disminuyendo paulatinamente, de manera que autores mediocres son considerados grandes escritores. ¿Qué nos encontraremos dentro de una generación? Miedo me da pensarlo.

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  2. Oye, esa táctica para levantar el ánimo creativo es fantástica. ¿Que no eres capaz de escribir una línea? Pues a leer esa novela que odias a muerte, a la que no le encuentras ni pies ni cabeza.
    De todas formas, y aunque últimamente también me haya topado con algunas lecturas "difíciles" y en mi fuero interno (y no tan interno) piense "menuda mierda", hay que ir con cuidado a la hora de decir que tal o cual obra es mala. Lo que a mí puede parecerme un bodrio infumable, si está bien escrito y editado, tengo que tener en cuenta que habrá gente a la que pueda gustarle, y ¿quién soy yo para arrogarme la autoridad de decidir qué es bueno y qué malo? Del mismo modo, no voy a calificar de mal lector a quien no lea lo que a mí me parece que se tendría que leer. En mi opinión, cualquiera que lea libros es un buen lector. Desde luego que preferiría que leyeran a Paul Auster antes que a Belén Esteban o a la de las '50 sombras...', pero es que hay mucha gente que no lee ni eso, y a quien le gusta leer es fácil introducirle otro tipo de novelas.
    Por otro lado, si yo, que soy escritor, me pongo a despotricar de otros escritores por la baja calidad de sus obras me puedo encontrar con que habrá quien haga lo mismo conmigo por los mismos motivos, y me tendré que aguantar. Toda novela que consiga transmitir algo útil para algún lector ya ha cumplido su cometido, de forma que habrá que aceptar que para alguien será una buena novela.
    Interesante debate.
    ¡Un abrazo!

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