miércoles, 16 de julio de 2014

LA HUMILDAD MAL ENTENDIDA


Según la RAE la Humildad es: 


Humildad.
(Del lat. humilĭtas, -ātis).

1. f. Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.
2. f. Bajeza de nacimiento o de otra cualquier especie.
3. f. Sumisión, rendimiento.

~ de garabato.

1. f. coloq. humildad falsa y afectada.


Hace mucho que pienso que la gente abusa de la expresión "en mi humilde opinión". No digo yo que alguna vez no esté bien empleada; pero la mayoría de las veces lo que viene después de esta construcción me parece de todo, menos humilde. Más aún en el mundo de las letras. 
Podría pasarme un buen rato hablando de esto, ¿pero para qué hacerlo si ya el amigo José Vicente Pascual lo ha expresado tan bien en su blog? No dejéis de leer su artículo en http://jvipascual.blogspot.com.es/2014/07/nada-esta-dicho.html#more

Y luego, si queréis, lo comentamos. 

2 comentarios:

  1. Maravilloso artículo, cuya premisa comparto al cien por cien. España es un país excesivo, para lo bueno y para lo malo. Y aquí la humildad se contempla casi como si de debilidad se tratase. Autores con escaso talento enarbolan con orgullo sus cifras de ventas (reales o no) y sus premios literarios (tan prístinos como el Planeta) para vocear a los cuatro vientos que son AUTORES. Mientras tanto, en las trincheras de la autoedición o de las pequeñas editoriales, he tenido ocasión de leer obras extraordinarias las cuales, por desgracia, suelen pasar desapercibidas. Obras de autores que no gritan, sino que susurran sus historias con la esperanza de encontrar oídos atentos, lectores capaces de apreciar su trabajo. Escritores para quienes cada libro vendido es un pequeño triunfo, y cada comentario sincero (y razonado) sobre su trabajo se recibe con un sincero agradecimiento. Algunos de ellos, con el tiempo, llegarán (han llegado ya, en ocasiones) al gran público, y estoy seguro de que conservarán ese espíritu humilde y agradecido de quienes aman su trabajo y viven por y para él. Sin alzar la voz. Sin dar golpes en la mesa.

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