miércoles, 26 de marzo de 2014

OBSOLESCENCIA PROGRAMADA, ¡TAMBIÉN EN LA LITERATURA!

A Sergi Bellver, el autor del libro de relatos Agua dura (más información en http://www.edicionesdelviento.es/viento_libro.php?id=220 y http://www.sergibellver.com/p/agua-dura.html ) le entrevistaron en un medio importante ayer. Hoy, sin embargo, otro medio de los gordos se ha negado a hacerle unas preguntas sobre su obra porque el libro ya es viejo… ¡porque salió a la venta hace cuatro meses! ¡Cuatro meses!
Me pregunto en qué clase de mundo vivimos, un mundo en el que ya todo es de usar y tirar, consume hoy y olvida mañana. Todo está programado para romperse pronto, para que tengas que ir corriendo a la tienda a comprar otro. Pero, ¿también los libros?

Como decía el también escritor de cuento Jesús Artacho Reyes (más información en  http://www.laorilladelasletras.com/2013/10/el-rayo-que-nos-parta-jesus-artacho.html  ) los libros de relatos no caducan. Los libros que lo hacen son libros de programas de moda que no duran ni un año, personajillos de fama efímera, y similares; pero las novelas, los poemarios, las antologías, ¿cómo pueden “volverse viejos”? Tan sólo es necesario que un lector los abra, los lea, se deleite con estas obras para que todas vuelvan a estar DE PLENA ACTUALIDAD EN LA VIDA DE ESTA PERSONA LECTORA.

Hace unas horas se me ocurrió pensar a Cervantes resucitando y pidiendo una entrevista en el medio que sólo quiere libros recién salidos del horno. ¿Le negarían un espacio en su programa porque el Quijote tiene más años que la Tarara y el tema que trata, más viejo que La Caletilla?

De acuerdo, fantástico. Que los chicos en los colegios y los institutos dejen de estudiar a los clásicos, ¡que eso está ya muy viejo, hombre! Leamos todos lo que acaba de salir a la venta. Y si ves que tienes en casa un libro de más de una semana, ¡quémalo, que igual te puede pegar una enfermedad!

Me pregunto qué será lo próximo en esta España que tanto valora la literatura de verdad. Me lo pregunto, pero en realidad no quiero saberlo. No estoy yo para tantos disgustos.

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