viernes, 7 de marzo de 2014

LA FELICIDAD ES UN BUEN LIBRO

La felicidad me inunda por dentro siempre que veo que uno de mis escritores favoritos saca nuevo libro al mercado.

El recuerdo de todas aquellas maravillosas lecturas pasadas hace que desee tener al instante ese nuevo libro que promete proporcionarme una pequeña parcela de alegría en medio de este mundo gris en el que nos ha tocado vivir. Una lectura deliciosa, entretenida, triste a la par que optimista y divertida. Perfecta. La lectura que todos los lectores deseamos, en realidad.

Mi libro deseado, querido, ansiado y próximamente devorado es BILLIE, de Anna Gavalda, una historia de personajes rotos que juntos pueden recomponerse. Tan sólo con leer la sinopsis, que promete eso que os acabo de contar y mucho más, ya empiezo a salivar como mi perro ante la casi extinta pata de jamón que preside nuestra cocina.


No sé nada de la vida de Anna Gavalda, sólo lo poco que cuentan las solapas interiores de sus libros. La verdad es que no me importa lo que haga o lo que deje de hacer cuando no escribe, siempre que siga escribiendo historias que me hacen pensar que aún queda esperanza para esta especie tan tonta llamada ser humano.

Escribo con la esperanza de proporcionar felicidad a mis futuros lectores. De hacer que lloren, rían, sientan ganas de llorar, ¡piensen!. Que adoren a mis personajes tanto como puedan odiarlos. Que sean incapaces de soltar mis libros hasta llegar al final, de un tirón. Que después de la lectura sientan la irrefrenable tentación de comentar el libro con todo el mundo. Que no quieran saber nada de mí, pero que quieran que escriba hasta que me sangren los dedos sobre las teclas. Porque para eso deberíamos vivir los escritores y los lectores.

¡Oh, pero qué feliz voy a ser leyendo! ¡Dios bendiga a la Gavalda, y a la Keyes, y al Palma y al Soseki y a Strandberg & Elfgren y a todos esos malditos a la par que benditos escritores que tan bien me lo han hecho y me lo hacen pasar entre las páginas de sus libros!


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