miércoles, 31 de diciembre de 2014

EN FIESTAS TODO VA A PEOR


Hace unos años una amiga escribió un artículo en su blog que se titulaba En verano todo va a peor. Lo cierto es que no recuerdo muy bien qué era lo que iba mal aquel verano, aunque cuando lo leí (y a pesar de que a mí me gusta bastante el verano) le di la razón a mi amiga.
Años después, aquí vengo yo con mi En fiestas todo va a peor, artículo en el que voy a hacer un resumen algunas de las quejas que tengo para este fin de año que, por cierto, espero que vosotros paséis la mar de bien.
Todo empezó cuando acabé de escribir Corazones en barbecho (a la venta en www.amazon.es; más información en www.conociendoamissf.blogspot.com y https://www.facebook.com/pages/Conociendo-a-la-se%C3%B1orita-F/1586704401549468?fref=ts ) y puse a la venta la novela en Amazon.
Sí, ya sabéis, después de tantos años escuchando a la gente decirme aquello de “ponlo a la venta en Amazon, que así te lo va a comprar todo el mundo, ¡incluso yo!”, una llega a pensar que realmente lo de publicar en esta plataforma global, una vez que ya tienes unos cuantos lectores por ahí de Elías y los ladrones de magia, es una gran idea. Que enseguida harás un buen número de ventas. Que la gente se entusiasmará y eso atraerá a más lectores, y… Y una porra, vamos. Vender este libro va a costar más aún que vender a su antecesor, y va a reportarme muchas menos recompensas económicas (señores, yo también tengo cosas que pagar y regalos de Reyes que me gustaría comprar).
Igual fui un poco ilusa al pensar que las Navidades eran la época ideal, sí. Igual tuve que mandar antes las copias a los reseñistas, también. Igual… En fin, que como decían en Fama, aquí hemos venido a sudar la camiseta y sin luchar, nones.


Corazones en barbecho, una novela sobre la búsqueda desesperada del amor por parte de una lectora empedernida de novela romántica. Una obra con humor, esperanza y mucho trasfondo social. Ya estás tardando en comprar tu ejemplar por solo 1 € en www.amazon.com

Yo puedo intentar darle la vuelta al pensamiento negativo y pensar que las cosas mejorarán cuando haya reseñas, después de Nochevieja, etc, etc. Sí, claro que sí. Lo que pasa es que últimamente el universo se ha confabulado en mi contra. Vamos, que no paro de ver cosas que hacen que en mi mente aparezca de pronto un emoticono llorón y yo quiera automáticamente acostarme en mi cama y no levantarme hasta cumplir los 70.
Una de esas cosas fue la presentación de un libro publicado precisamente en Amazon (uno de aventuras que mezclaba misterios con música). En un momento de la presentación el autor dijo que en unos pocos meses él había vendido 2 mil copias de su libro, ¡dos mil! Yo en ese momento llevaba vendidas 12, así que, ¡emoticono llorón al canto!
Pero, ¿cómo lo hace la gente normalmente para vender 2 mil ejemplares de su libro en Amazon? Lo primero que quiero decir es que no sé si es el caso del libro de la presentación a la que yo fui; pero sí que me consta que la mayoría de la gente lo que hace para subir en la lista de ventas es ofrecer al menos una vez su libro gratis en Amazon. Imagino que lo que se pretende con eso es ya no solo estar mejor situado en la lista, sino atraer a aquellos lectores que solo compran los libros que están al principio de cada ranking. A mí esta técnica no es que me entusiasme, por muy popular que sea. A ver, no veo que sea justo que después de meses y meses de trabajo, incluso años, acabes regalando en masa tu obra. ¿Acaso los electricistas trabajan gratis? ¿O los pintores de brocha gorda? ¿Y los cobradores del frac) No digo que no acabe alguna vez viéndome obligada a hacerla, pero en principio me hace poca gracia.
Una vez superado el momento envidioso patético, llegamos al fin de semana con la película de tarde “Una novia en la nieve” (Más información en: http://elrincon.tv/una-novia-en-la-nieve-tv/ ). En la película, el protagonista está condenado a dedicarse a la política, cuando en realidad quiere ser escritor de novela romántica. La protagonista lee su novela, le parece estupenda y la manda a editoriales. Al final de la película, cuando tan solo han pasado un par de días desde que la chica mandara el manuscrito a lidiar con los editores, esta anuncia que no solo lo mandó con pseudónimo, sino que además una editorial ya se ha interesado por el asunto. ¡Fíjate qué bien! ¡Y los demás nos tenemos que pasar años detrás de las editoriales!
  

Hoy estoy más histérica que un mono de Gibraltar y lo sabes

A ver, señores guionistas, esto que me cuentan es muy poco probable, sobre todo si me decís que el manuscrito ha sido enviado bajo pseudónimo. Si la chica manda el manuscrito con el nombre del protagonista completo, eso ya es otra cosa, porque se supone que el tipo es famosete en su país, lo que podría verse por parte de las editoriales como una apuesta segura comercial.
Ahora bien, ¿tardarían un par de días en contestar? ¿Y en fiestas? Pensamiento positivo al canto: la muchacha ha mandado el manuscrito a una editorial de coedición encubierta, de esas que te están ofreciendo contrato sin haber escrito tú nada siquiera. Es lo único que explica racionalmente este final tan de color de rosa.
Bien, una vez superado el momento qué bonito es todo en las películas y qué bien que hagan creer a la gente que el mundo editorial es un camino de rosas, llegamos a fin de año. ¿Y qué pasa el último día del año? Pues que no me ha llegado la caja de libros que pedí de Corazones en barbecho hace unos 10 días.
Es fantástico: pagas un montón de gastos de envío para que te lleguen durante las fiestas, ¡y no llegan! Por supuesto, ellos se lavan las manos indicando que “el envío se puede retrasar unos días”, y como sigue habiendo días de fiestas (en Granada capital el día 2 también es festivo, ¡qué felicidad!), esos días pueden ser perfectamente una semana. Mientras tanto, la gente me pide esos libros para regalarlos incluso antes del día de Reyes, ¡y yo sin tener ni un solo ejemplar! ¡Es muy frustrante y no encuentro pensamiento positivo para contrarrestarlo!
Pero, ¿sabéis qué? Ahora que he escrito todo esto, me siento un poco mejor. Parece que lo de desahogarte, funciona. Será también que me ha hecho por fin el paracetamol de tamaño industrial que me he tomado para esa magnífica faringitis con la que acabo el año.
Sea como sea, haced como siempre, es decir, no me hagáis mucho caso y pasad una Noche Vieja de cine. ¡Y feliz 2015! Ojalá el nuevo año sea el de la recuperación económica, el empuje a la cultura y, por supuesto, todo sea genial para escritores y lectores.


Un chirimoyo es algo que pega en cualquier parte, también en un mensaje de FELIZ 2015

jueves, 18 de diciembre de 2014

Escritores que escriben a mano (II): ENRIQUE MONTIEL DE ARNÁIZ

Comenzamos este espacio dedicado a los escritores que aún escriben a mano sus borradores con el abogado y escritor Enrique Montiel de Arnáiz, quien amablemente me ha proporcionado sus fotos personales, además de contestar a una serie de preguntas que me han ayudado a elaborar este artículo.



Enrique Montiel de Arnáiz me confiesa que uno de sus sueños vitales siempre fue ser escritor. De hecho, escribe desde muy pequeño. Como prueba de ello, guarda un poema que hizo a su madre con cuatro o cinco años de un toro, una luna y un estanque.
Sí: escribir ha sido algo que siempre ha estado dentro de él puesto que su padre es escritor también, y aparte de la genética, ha debido de haber un poco de imitación paterno-filial, seguramente.
Con doce años, Enrique ganó un premio literario por un relato sobre su experiencia en un barco de la Armada. Más tarde, participó en unas publicaciones que realizó la delegación de juventud del Ayuntamiento de San Fernando llamada Jóvenes Escritores.
En el ámbito literario, Enrique ha publicado un libro de relatos muy heterogéneo llamado Bulerías Nazis (2014) y ha participado en antologías como 13 Puñaladas (2013), Zombifícalo (2014) y Vampiralia (2014). Actualmente se encuentra terminando de coordinar una antología que será benéfica y se llamará Demonalia. Es probable que salga a primeros de 2015 a la venta, así que, ¡todos atentos!



La carrera de todo buen escritor comienza siempre con un buen puñado de buenas lecturas. Arriba, dos fotos de la biblioteca personal de Enrique Montiel de Arnáiz.

No es lo único que Enrique tiene proyectado para el año que está a punto de entrar. Por lo pronto, me cuenta, tiene pendiente terminar una novela y cree que en 2015 saldrá en un par de antologías más junto a otros autores. Posiblemente, también le veamos con otra antología propia de relatos que le han pedido (aunque aún no hay nada cerrado).  
¡Pero eso no es todo, amigos! Enrique, persona polifacética donde las haya, también ha colaborado en varias revistas como El Ático de los Gatos, Cromomagazine y Dissident Tales. Aparte de eso, es articulista de opinión del grupo Vocento en su periódico La Voz de Cádiz - ABC desde el año 2009, con lo que se obliga cada semana a escribir sobre política, derecho o lo que sea desde un prisma personal muy literario.
Después de leer esto, muchos pensaréis que lo más práctico, siendo Enrique una persona tan ocupada, entre sus casos como abogado y sus múltiples escritos literarios, sería que escribiera todo directamente a ordenador. Sin embargo, nuestro autor prefiere el papel porque como él mismo me cuenta, el papel te permite la pausa. Enrique hace tiempo que no se cronometra escribiendo a máquina pero está todo el día con el teclado a mano y es un relámpago. Eso hace que a veces se pierda el control sobre los tiempos verbales o las situaciones y exige múltiples correcciones que, en el papel, son menos, porque vas pensando y escribiendo a una velocidad menor,  a no ser que se sea un taquígrafo, que no es su caso.
A Enrique le gustan las libretas Moleskine y las de Cross, aunque tiene libretas de todas las formas, tamaños, colores y sabores. Con respecto a si prefiere bolígrafo o pluma, me dice que depende de para qué, que a la hora de redactar le gusta usar un bolígrafo roller-ball; sin embargo para firmar prefiere la pluma. 


Colección de armas con las que Enrique se sirve a la hora de crear y destruir vampiros, demonios, zombis y todo lo que se le ocurra.

En cuanto a la frecuencia de su escritura, Enrique escribe a diario, aunque no siempre es literatura u opinión. Suele gastar una broma a otros escritores a los que dice que ninguno de ellos ha escrito tantas páginas como él, sumando las de las demandas y querellas que he redactado en sus casi 15 años de ejercicio como abogado. A Enrique le gusta escribir en los viajes, en tren, en el gramón de la piscina y, también, en su despacho o en el estudio de su casa, sus auténticos "Sancta sanctorum".
El sitio más raro donde Enrique ha escrito posiblemente sea Ikea, esperando en una mesa de la cafetería a que su esposa saliera de ese laberinto inagotable de pijadas para el hogar. Allí es donde redactó el relato de Tyson que salió en Zombifícalo.
En otra ocasión, estuvo escribiendo un relato mientras esperaba que aterrizara un avión que había llegado con retraso, volviendo de EEUU. Lo cierto, me cuenta, es que suele llevar encima siempre una libreta y toma notas o escribe ahí.



Con respecto a la foto anterior, la de sus libretas, podemos decir que en una de ellas aparece el inicio de un relato titulado El gato del vampiro que saldrá próximamente publicado. Trata sobre un ser implacable e inmortal al que se le escapa la mascota mientras reposa en su ataúd, y lo que ocurre después cuando sale a buscarlo por la noche. También hay un pequeño "haiku" ilustrado por la hija de Enrique, la mayor artista de la casa con apenas 7 años, y unas notas para otro relato que preparó sobre uno de Felipe Benítez Reyes el año pasado para un concurso, que es ejemplo de lo cotidiano del Cádiz de mediados del siglo pasado. Y que no ganó, por cierto. (Una lástima. Otra vez será).
Cuando le pregunto a Enrique si quiere añadir algo para terminar, este me dice: El otro día leí que en Finlandia el gobierno ha propuesto dejar de enseñar a escribir a los niños porque al final solo usan ipads y ordenadores. Eso contrasta con la centenaria tradición de la escritura oriental, que se conserva como un arte. Creo que la escritura amanuense es fundamental, especialmente para que la profesión de los peritos calígrafos no se extinga. ¡Hagámoslo por ellos!
¡Cuánta razón tienes! Ojalá nunca dejen en las escuelas de enseñar a escribir a mano. Mientras tanto, Enrique, sigue haciéndolo tú en tus libretas. Llena el mundo de palabras, párrafos e historias y compartiéndolo con nosotros.
Muchas gracias por participar en este espacio, amigo escritor.

Y tú que lees esto, si quieres saber más de Enrique Montiel Arnaíz, visita su blog: www.montielbaraka.blogspot.com. Y ya sabes: si quieres participar en este espacio, escribe a crismonteoliva@hotmail.com

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Reseña de LA CALLE ANDERSEN, de Sofía Rhei y Marian Womack. Ilustraciones de Lola Rodríguez.

Título: La calle Andersen
Autoras: Sofía Rhei y Marian Womack
Ilustraciones: Lola Rodríguez
Edita: La Galera Editorial
Págs: 240
Precio: 17,95 €

Imagina que eres un niño del siglo XIX, uno con pocos recursos que vive prácticamente todo el día en la calle. ¿Cuánto frío o calor pasarías? ¿Cuántos peligros te acecharían? ¿Y cuántas aventuras podrías vivir si en vez de un niño real fueras un personaje de una novela juvenil? Muchas, te lo aseguro. Si no me crees, puedes comprobarlo leyendo La calle Andersen, la novela escrita por Sofía Rhei y Marian Womack ilustrada por Lola Rodríguez que vengo hoy a reseñar.
Copenhague, siglo XIX. Kay, el repartidor de periódicos que puede ver la maldad en los ojos de los demás, y Gerda, la chica de los bolsillos infinitos, son dos niños de clase media-baja que pasan buena cantidad de su tiempo en la calle. Un buen día, los chicos consiguen que la pequeña e enigmática cerillera Adda, la amiga del niño rico de los inventos Joachim, no sea secuestrada por unos chicos con oscuras intenciones. Pronto Kay, Gerda, Adda y Joachim se dan cuenta de que últimamente muchos niños han desaparecido misteriosamente. Al mismo tiempo, los autómatas del juguetero Hæslig cobran cada vez más y más importancia en la ciudad. Si ambos sucesos están o no relacionado, es algo que los niños están dispuestos a averiguar embarcándose en una de las más importantes aventuras de su vida. Una que quizá les cueste la vida.
Después de leer el siguiente párrafo, imagino que muchos os preguntaréis por qué el libro se llama La calle Andersen si el célebre escritor Hans Christian Andersen no aparece por ninguna parte, a no ser, claro, que yo lo haya obviado en mi resumen. Es cierto que el autor, como tal, no está en este libro, aunque sí, al menos, dos de sus relatos: La reina de las nieves y La pequeña cerillera. De hecho, conforme vayáis avanzando en la lectura (aquellos que os decidáis por este libro), podréis comprobar que si bien las referencias a La pequeña cerillera pueden considerarse prácticamente anecdóticas, aquellas que nos hablan de La reina de las nieves son tan destacables, que nada más comenzar a leer el libro te das cuenta de que sin ninguna duda La calle Andersen es un spin off o secuela de dicho relato clásico. Así, dos de los niños protagonistas son los mismos que protagonizaran el cuento de Andersen, Kay y Gerda. Kay ha vuelto a Copenhague después de estar con la malvada reina, aunque ya no siendo el mismo. Las secuelas de la estancia en el chico, tal y como nota su amiga Gerda, son notables. ¿Conseguirá Kay volver a ser el de antes? ¿Qué papel tendrá Gerda en el proceso de recuperación? Ya sabes: averígualo a través de la lectura de este libro, pues yo más pistas no te puedo dar.
Esta es una historia de ritmo in crescendo. Aunque en la primera mitad del libro ocurren ciertos momentos de acción, yo diría que lo más importante, en cuanto a nivel de emoción se refiere, sucede tras la página cien. Esto no quiere decir que lo que tiene lugar en la primera mitad no sea interesante, puesto que es en estas páginas en las que vemos cómo se reúnen los cuatro chicos, cómo se presentan los otros personajes y, lo que es más importante, cómo se plantea el gran enigma que desencadenará en ese ritmo alto de la segunda mitad de la obra.
Otro punto interesante a señalar es la buena utilización que hacen las autoras tanto de la magia como de la ciencia retrofuturista o steampunk durante la narración. Una buena manera de introducir a los más jóvenes en este mundo que a mí particularmente me resulta fascinante.
Por último, me gustaría indicar lo acertadas que me han aparecido las ilustraciones de Lola Rodríguez. Se trata de una serie de dibujos en blanco y negro muy en sintonía con la narración, ideales para que os hagáis una idea del mundo del que habla el libro.
La calle Andersen, en definitiva, es una novela de aventuras juvenil con misterio, acción, amistad, personajes profundos, magia y muy buena ciencia ficción del pasado. ¿Qué más se le podría pedir a una obra del género?
Cristina Monteoliva 

martes, 16 de diciembre de 2014

ESCRITORES QUE ESCRIBEN A MANO (I)

Creo que no he debido de ser la única que recibió con cierto estupor hace unos días la noticia de que Finlandia decidiera dejar de enseñar a los niños a escribir a mano en los colegios. Entiendo que nuestro mundo está cada vez más informatizado, que el futuro va a ser de las máquinas; aunque en mi mente no entra la idea de dejar para siempre la escritura “analógica”. Porque la tecnología a veces falla, y cuando lo hace y hay necesidad, hay que recurrir a lo manual para apuntar un número de teléfono, la lista de la compra, una dirección, qué se yo. En serio: no concibo la idea de una persona del futuro sin saber cómo se coge un lápiz para apuntar su nombre en una hora de papel.
En fin, no quiero ahondar mucho en esto, menos aún después de encontrar este artículo que viene a indicarnos que lo que se ha difundido de Finlandia no es del todo cierto:
Pero hablando de escribir en papel, ¿eres de los que sigue escribiendo cartas, pensamientos, poemas o relatos en hojas blancas o a rayas no digitales? ¿De los que todavía de vez en cuando se siente más cómodo haciendo las cosas como se ha hecho durante siglos? Yo sí. Aunque confieso que ahora mismo no lo hago tanto como antes. Hasta hace unos años, todos mis manuscritos pasaban primero por su versión en papel. Ahora… Bueno, ahora me he vuelto más vaga. Sí, esa es la palabra. Porque a mí en realidad me encanta escribir en papel, pero me da pereza ponerme luego a pasar a limpio. Y mira que sé que lo de escribir en papel tiene ciertas ventajas, como:
-Tienes menos distracciones que cuando estás delante del ordenador, ya que no te pones a mirar internet cada dos minutos. ¡Concentración a tope!
-Como no puedes borrar líneas, te ves forzado a centrarte y a escribir “sin mirar atrás”. Y lo que salga, ya los corregirás en las siguientes versiones de la historia, como tiene que ser. ¡Fuera inseguridades!
-Como consecuencia de los dos puntos anteriores, al final acabas escribiendo durante una hora, de una sentada. ¡Eficiencia total!
En fin, que voy a ver si consigo volver a escribir a mano mis cosas, que falta hace avanzar de vez en cuando.
Mientras lo hago o no, voy a empezar una serie de artículos sobre los escritores que siguen escribiendo a mano sus primeros borradores, a manera de homenaje. Si quieres salir tú también en uno de los artículos, escríbeme a crismonteoliva@hotmail.com
Y para terminar, unas fotos de mis numerosas libretas:

domingo, 14 de diciembre de 2014

Reseña de EL DEVORADOR DE CALABAZAS, de Penelope Mortimer

Título: El devorador de calabazas
Autora: Penelope Mortimer
Traducción: Magdalena Palmer
Edita: Impedimenta
Páginas: 240
Precio: 19,95 €

¿Existe realmente el “felices para siempre” de los cuentos de hadas y las películas comerciales? ¿Cuánta gente habrá en el mundo que se case esperando esa felicidad perpetua en su matrimonio? Mucha, imagino. ¿Y qué pasa cuando las cosas no van bien? ¿Se separan? ¿Siguen juntos? ¿Buscan sucedáneos de la felicidad? Pero, bueno, ¿por qué no dejo ya de hacer tantas preguntas retóricas y os hablo ya de El devorador de calabazas, la novela de Penelope Mortimer?
Todo comienza con una mujer que va al psiquiatra. Estamos a mediados del siglo XX y la mujer está casada con un guionista de cine inglés. El guionista (un tipo que gana mucho dinero, por cierto) no es su primer marido. De hecho, ni siquiera es el segundo, sino el cuarto. De todos sus maridos ha ido teniendo nuestra buena señora una buena cantidad de hijos. Tantos, que nadie cree que deba de tener más. De hecho, este es el motivo por el que visita al psiquiatra, profesional que intenta, por todos los medios que dispone, convencerla de que quedarse embarazada de nuevo no es lo que necesita. ¿Estará nuestra buena señora dispuesta a escuchar al médico? ¿Qué pasaría si tuviera un nuevo vástago? ¿Y por qué es en realidad tan importante para ella tener más hijos, cuando apenas le hace caso a todos los que tiene ya?
Como decía al principio de esta novela, hay mucha gente en el mundo que se casa esperando que las cosas vayan siempre bien, como si la felicidad pudiera ser un continuo en este mundo tan cambiante y entre personas que puede, a veces, evolucionar en sentidos opuestos. Este es claramente el caso de la señora Armitage, la narradora y protagonista absoluta de El devorador de calabazas, una comedia negra con mucho más drama del que pudiéramos en principio esperar.
La señora Armitage va al psiquiatra porque quiere tener un nuevo hijo. El psiquiatra intenta convencerla de que eso no solucionará sus problemas. Como es de esperar, la señora Armitage no se deja convencer tan fácilmente. Lleva toda la vida teniendo hijos, ¡eso se le da muy bien! Solo cuando está embarazada y da a luz se siente útil en el mundo, así que, ¿por qué debería de dejar de hacerlo?
La cosa es tan sencilla como complicada. La señora Armitage ha tenido cuatro maridos, pero, sin duda, al que más ha amado es al cuarto, a Jake. Su matrimonio con el guionista empezó la mar de bien. Luego, ambos se fueron distanciando. Jake empezó a trabajar mucho y a mentir más sobre las relaciones que mantenía con sus compañeras de trabajo. ¿Y qué hacía mientras la señora Armitage? Tener hijos para llamar la atención. Para sentirse útil. Para realizarse en la vida.
El devorador de calabazas es una logradísima novela escrita con un estilo cercano donde destacan los esclarecedores diálogos, las personalidades ricas en matices de sus personajes y las selectas descripciones del pasado y el presente de la señora Artimage. He dicho antes que se trata esta de una comedia negra con más drama del que podría esperarse en un principio. Ahora quisiera insistir en ello. Y digo más: la autora, Penelope Mortimer, se sirve de todo ese refinado humor tan inglés para contarnos en realidad el drama de una mujer que intenta salvar su matrimonio teniendo otro hijo. Una mujer que con el tiempo ha ido convirtiéndose en un precioso florero en su preciosa casa. Una mujer que ya ni sabe lo que de verdad quiere. Una mujer que podría ser tantas muchas.
La lectura de El lector de calabazas proporciona al lector una experiencia única. Si pudiera compararse con algo, yo diría que es como montarse en una montaña rusa emocional en la que vas a ciegas. Nunca sabes cuándo te va a tocar reír, cuándo llorar, cuándo inquietarte con las contradicciones con las que vive la señora Armitage. La lectura se acaba con un sabor agridulce y con la sensación de haber leído algo totalmente auténtico y contemporáneo, a pesar de haber sido escrito hace más de medio siglo. Y con incógnitas por resolver, casi tantas como hijos tiene la señora Armitage.
Creo que pronto volveré a leer este libro para seguir pensando en todo lo que Penelope Mortimer nos quería decir con esta historia. Y tú, ¿a qué esperas para leerlo por primera vez?
Cristina Monteoliva

lunes, 24 de noviembre de 2014

Reseña: EL LIBRO DE LOS PEQUEÑOS MILAGROS, de Juan Jacinto Muñoz Rengel

Título: El libro de los pequeños milagros
Autor: Juan Jacinto Muñoz Rengel
Edita: Páginas de Espuma
Páginas: 134
Precio: 14 €

Si algo he aprendido después de mucho leer e intentar escribir por mi cuenta ciencia ficción, fantasía y terror es que trasladar ese mundo interior tuyo lleno de monstruos, mundos imposibles y demás elementos extraordinarios es en realidad bastante complicado. Y si es complicado hacerlo en una novela, un texto largo que te da cancha para ensayar, errar y reparar montones de veces, no os digo ya en un cuento. El más difícil todavía llega cuando en vez de un cuento de varias páginas lo que queremos es escribir un microrrelato. Aunque no es imposible. Prueba de ello es El libro de los pequeños milagros, la obra de Juan Jacinto Muñoz Rengel publicada por Páginas de Espuma de la que hoy quiero hablaros.
El libro de los pequeños milagros es un volumen compuesto por un total de cien microcuentos de fantasía, terror y ciencia ficción que se distribuyen en tres apartados: Urbi, Orbe y Extramundi. Antes de Urbi, nos encontramos con un breve y enigmático prólogo titulado Advertencia: esto no es un texto. De igual manera, tras Extramundi tenemos el evocador Índice para la creación de un Bestiario, un apéndice en el que tenemos la lista completa de los seres originales salidos de la mente del autor, unos entes que habitan sobre todo en Extramundi, aunque también en Orbe. ¿Quiere esto decir que en Urbi no vamos a encontrar monstruos y otros seres curiosos? En absoluto. Es solo que tal vez los de la primera parte del libro os resulten más conocidos que los otros, que no han aparecido antes en otras obras.
Pero vayamos a lo que os ha de interesar, que no es otra cosa que el saber qué os vais a encontrar en realidad en este volumen. Para ello comenzaré hablando de Urbi, quizá el territorio que os resulte más familiar. Digo esto porque los microrrelatos que pueblan este apartado tienen un carácter muy urbano. Sus textos, plagados de sucesos extraordinarios, nos hablan de los miedos que nos ha creado esta sociedad actual tan narcisista, de lo pernicioso de algunos de nuestros nuevos inventos (las redes sociales) o de otros no tan nuevos (la televisión). Miedo a no ser considerado por los otros; a no tener visibilidad alguna; a que nuestro paso por La Tierra no signifique absolutamente nada.
Los relatos de Orbe salen fuera de la ciudad para buscar vacas parlantes y pulpos con muñecas hinchables. La realidad se mezcla con la ficción total; las fábulas se convierten en algo totalmente creíble; la religión se reescribe de mil maneras; el medio ambiente nos pide por enésima vez que le prestemos caso antes de que todo se vaya al garete. Vemos así como nuestras creencias se tambalean, cómo pueden ser criticadas de forma inteligente; también cómo puede que sea tan bueno creer en una cosa como en la de más allá. O en absolutamente nada de lo que nos han hablado hasta ahora.
Finalmente, en Extramundi salimos de nuestro planeta para explorar otros mundos muy distintos al nuestro. O para dejar que los habitantes de esos mundos nos exploren a nosotros. Se trata este del apartado más imaginativo, tal vez (al menos, para mí) el más divertido de todos. La pena es que no es muy largo. Esperemos que Muñoz Rengel siga explorando estas vías en futuros proyectos.
El volumen se llama El libro de los pequeños milagros, pero en realidad lo que contiene, siempre desde mi punto de vista, son grandes milagros. No me refiero solo a todos los extraordinarios sucesos que encontrarás en este libro (que los hay), sino, y fundamentalmente, a la capacidad que ha tenido su autor de concentrar dentro de un solo volumen tantos textos tan bien escritos, tan completos y complejos, con lo difícil que es conseguir eso en un microrrelato. Las historias de este libro abarcan, todas ellas, temas interesantes, actuales, comprometidos, ¡y todo ello sin perder por un momento el sentido del humor! Es por esta complejidad, a la vez tan cercana y amena, por lo que creo, fundamentalmente, independientemente si eres o no aficionado al microrrelato, que tú, que disfrutas tanto con lo fantástico y científico como con lo actual y crítico, deberías darle una oportunidad a este libro. 
Cristina Monteoliva

domingo, 16 de noviembre de 2014

Entrevista a PAULA LAPIDO con motivo de la salida a la venta de HORROR VACUI.

Hay una pregunta que personalmente odio, pues creo que es algo que no deberíamos contestar nosotros mismos, sino los demás, los que nos rodean. Esa pregunta es “¿Quién es…?” Yo no voy a preguntarte quién es Paula Lapido, pero sí me gustaría que le contaras a todo el que lea esta entrevista qué te gustaría que la gente supiera de ti.
Me da bastante pudor hablar de mí misma y sufro un poco cada vez que tengo que escribir una biografía para alguna publicación, aunque sea corta. Ciñéndome al plano literario, “Horror vacui” es mi primera novela. Hasta ahora había publicado un libro de relatos, “Teoría de todo” (Tropo Editores, 2010), con el que fui finalista del Premio Setenil. También he participado en varias antologías muy diversas, como “Mi madre es un pez” (Libros del Silencio, 2010), “Madrid, Nebraska” (Bartleby, 2014) o “No entren al 1408” (Biblioteca de Babel 2013) dedicada a Stephen King, que se publicó por primera vez en Ecuador pero se ha vuelto muy viajera y anda recorriendo varios países al otro lado del charco; el último, México.
Por lo demás, tengo una cierta obsesión por incluir animales en mis novelas (los peces, después los escarabajos tigre y últimamente un zorro ártico), sufro de fijación por la música de Bach y necesito silencio sepulcral para escribir. Y bebo té. Mucho.

Paula Lapido había sido conocida hasta ahora como escritora de relatos. ¿Te estrenas como novelista con Horror Vacui o tienes otras más obras de este tipo escondidas en un cajón?
Tengo en un armario (a buen recaudo) cuatro o cinco novelas o “intentos de novela” sin terminar que escribí desde la adolescencia hasta que terminé la carrera. Todas de temática fantástica. Después hice un parón largo hasta que me reenganché a la escritura con los relatos y publiqué “Teoría de todo” en 2010. Siempre tuve claro que iba a volver a la novela tarde o temprano, sólo necesitaba una idea que me prendiese lo suficiente. Para cuando di con el germen de “Horror vacui”, le había cogido cierto miedo al género y no estaba muy segura de poder con ello pero, en cuanto me zambullí en la piscina, me descubrí nadando.

¿Es más difícil para ti escribir relato corto o novela?
Creo que uno y otra tienen dificultades bien diferentes. La contención, el ejercicio de síntesis y de elección de detalles que requiere el cuento me resultan complicados porque, entre otras cosas, muy a menudo me puede la verborrea. Por otro lado, la novela requiere mantener la tensión durante mucho tiempo --no sólo el tiempo del lector, sino el del propio escritor; es un proyecto con el que convives durante años. Quizá sea más difícil alcanzar la genialidad en el relato, pero es una apreciación completamente subjetiva.


¿Cómo surgió la idea de escribir Horror Vacui?
Cuando empecé la carrera, entre otras cosas que circulaban por la facultad y que formaban parte del “acervo friki de los físicos” estaba la obra del artista holandés M.C. Escher. Me fascinó desde el primer momento su uso de las formas para llenar el espacio. También sus ilustraciones de realidades imposibles. Todo se me quedó almacenado por ahí en algún lugar del cerebro hasta que, años después, hacia 2006, cuando ya estaba escribiendo relatos compulsivamente y tenía el motor creador bien engrasado, me surgió una imagen: la de un hombre que dibujaba a lápiz, en la pared, decenas de formas que llenaban el espacio. Como una ilustración de Escher. Muy al principio, quise convertir esta imagen en un cuento, pero no se dejó. Con el tiempo me di cuenta de que por fin tenía delante una novela, aunque aún tardé un par de años más en atreverme a empezarla.

Horror Vacui es una novela compleja que requiere mucha atención por parte del lector, pero creo que aún más por parte de su escritora. ¿Te ha resultado difícil seguir el pulso narrativo todo el tiempo? ¿Cuánto has tardado en escribir esta obra?
Escribir “Horror vacui” ha sido una experiencia difícil y satisfactoria a la vez. Era crucial encajar todas las piezas de la historia de forma que no quedase ni un mínimo resquicio. Eso me llevó mucho trabajo y no pocos quebraderos de cabeza, incontables cambios de opinión, capítulos reescritos una y otra vez (el capítulo 6 llegué a reescribirlo por lo menos 10 veces) y dudas existenciales de las que no te dejan dormir. Pero lo más costoso fue mantenerle el pulso a Isaac, el protagonista, durante los tres años que tardé en escribir y corregir la novela. 
Aunque “Horror vacui” está narrada en tercera persona, el narrador está focalizado completamente en Isaac, le da eco a sus obsesiones y a sus crisis como si estuviera dentro de su cabeza. Mantener el narrador al mismo nivel de intensidad durante toda la historia fue un buen ejercicio de conciencia y de constancia.

¿Tienes miedo al vacío? ¿O da más miedo que no te lean porque en este país lo que se lleva ahora es la novela erótica y los libros escritos por famosos?
Es verdad que hay modas: ahora la novela erótica, antes la Guerra Civil española, etc., y que los famosos han entrado al trapo, al candelero literario como reclamo de masas; pero yo no puedo escribir otra cosa que no sea lo que me interesa, lo que me reta. Éste es el vacío que creo que merece la pena llenar, y no me da miedo. Si acaso, un poco de prevención cuando empiezo con una nueva historia, porque la distancia entre el mundo de las ideas literarias y el mundo de las cosas o del texto terminado puede llegar a ser muy grande y algo amenazadora.
Cuando estaba escribiendo “Horror vacui”, una persona a la que admiro mucho y que me ha dado muy buenos consejos literarios me dijo que me iba a costar colocarla, y estuvo en lo cierto --aunque al final el resultado ha sido fantástico. Sin embargo, yo no pensaba en esta complicación mientras escribía, en parte porque bastantes dificultades tenía ya con la trama, la estructura y el pobre Isaac, pero, sobre todo, porque creo que no debo preocuparme de cosas ajenas al texto en sí mismo durante la creación. De hecho, trato de no hacerlo, conscientemente.
Me parece que, como escritores, nuestro valor, lo que nos convierte en auténticos, está en ser fieles a nosotros mismos y a nuestra Idea, con mayúsculas, de la literatura. Tenemos una especie de “deber moral” de hacer todo lo posible con nuestro esfuerzo y talento para alcanzar ese Ideal con cada texto, aunque sea sólo rozándolo con los dedos.
  


¿Te sientes identificada con el protagonista de esta novela? ¿Cómo ha sido meterse en su piel?
Isaac y yo no nos parecemos en nada pero, después de “convivir” durante tres años, no descarto que se me haya pegado algo suyo. De momento, eso sí, no he pintado ningún pez de trescientas cuarenta y cinco escamas.
Cuando empecé a tener claro cómo quería que fuese la novela, se hizo muy importante para mí que el lenguaje interno de Isaac, su trastorno obsesivo-compulsivo, su “horror vacui”, estuvieran en el texto, permeasen la narración todo el tiempo. Eso requería, aparte de la consistencia de la historia, volverse bastante obsesiva: tener siempre en la cabeza los peces de trescientas cuarenta y cinco escamas que Isaac dibuja para calmar su miedo al vacío, pensar a todas horas en contar los pasos, los escalones, las rayas de las baldosas por la calle… Vivir en la cabeza de Isaac para que, cuando llegase el momento de sentarse ante el teclado, su flujo de pensamiento me saliese por los dedos con naturalidad, que no resultase impostado o forzado. Fue un trabajo de inmersión, poco a poco, en un mundo obsesivo y bastante desquiciante. Al principio era difícil sostener la tensión y tenía que recordármelo constantemente, hasta que la dinámica de Isaac, su forma de pensar, se me hicieron naturales.
Desintoxicarme de Isaac fue como ascender al mundo desde los infiernos de la compulsión pero le guardo un gran cariño al personaje y creo que me he acercado mucho a lo que pretendía con la historia.

¿Y con la chica? ¿Crees que te pareces a ella?
Reconozco que a mí también me gusta el color rojo, como a Antonia, pero con los tacones no puedo. Por lo demás, intento no ponerme como modelo para ninguno de mis personajes, ni tampoco utilizar a nadie cercano. Dejo que el cerebro haga su trabajo misterioso y que mis experiencias sublimadas salgan por derroteros lo más lejanos posible. Quizás una persona que me conozca mucho podría intuirme en mis textos, pero no son transparentes, ni siquiera para mi gente más cercana. No encuentro ningún valor literario per se en la transparencia, en lo que conozco.

¿Por qué peces de trescientas cuarenta y cinco escamas?
La razón de los peces de trescientas cuarenta y cinco escamas es que Isaac necesitaba un motivo, uno concreto, más que dibujar formas diversas sin ton ni son. Los peces de trescientas cuarenta y cinco escamas surgieron de pronto en un borrador de los primeros capítulos y, cuando me quise dar cuenta, se habían convertido en ese motivo que estaba buscando. Encierran mucho de lo que significa la compulsión de Isaac: los peces son formas pequeñas, con un número fijo de escamas que se puede contar. Se pueden dibujar unos peces dentro de otros, anidar las formas, pueden llenar cualquier intersticio de otras formas. El pez como animal recuerda a algo frío y húmedo como la ciudad en la que se desarrolla la historia, también resbaladizo como los recuerdos que se le escapan a Isaac… Tuvieron sentido desde que aparecieron por primera vez, y no les di más vueltas; los integré en la historia.


 Obra de M.C. Escher

Mientras leía Horror Vacui, me imaginaba las imágenes proyectadas en una pantalla de cine. ¿Te gustaría que tu historia llegara a la gran pantalla?
Cuando escribo, veo las imágenes, los gestos de los personajes y los escenarios en que se mueven. Es también la forma en que ideo las historias: lo primero que me viene a la cabeza suele ser una imagen, un personaje haciendo algo en un lugar concreto. Todo lo demás aparece después: la historia, el conflicto, etc. Me gusta que el lector visualice la narración como yo la he visto antes, y todos los detalles que incluyo están dirigidos hacia esa visión que quiero compartir con él. En el caso de “Horror vacui”, además, utilicé una fuente de inspiración cinematográfica: la película “El tercer hombre” dirigida por Carol Reed en 1949.
Desde luego, sería sensacional ver “Horror vacui” en la pantalla, aunque es probable que el resultado fuese bastante distinto a mi visión personal. A ver si alguien se atreve.

Por último, ¿qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Siempre tengo muchas más ideas que tiempo para desarrollarlas, pero ahora mismo llevo dos proyectos bastante encarrilados. Por un lado, un primer borrador por corregir y trabajar en profundidad de una novela completamente distinta a “Horror vacui”, más intimista pero con su toque de rareza, como a mí me gusta. Y, por otro lado, en los últimos meses estoy dedicada en cuerpo y alma a una nueva historia en la que quiero explotar la idea del mal y la ambigüedad entre el terror fantástico y el real. Apenas tengo todavía un par de escenas, pero avanzo con mucho entusiasmo. Sucede en el norte de Laponia durante la Segunda Guerra Mundial; me he pasado una buena temporada documentándome sobre cosas como los campos de prisioneros nazis en la zona, la ganadería de renos, la etimología de los nombres de las granjas… Está siendo tan emocionante como un viaje exótico.

¡Pues date prisa, Paula, que quiero tener esas dos novelas, una en cada mano, cuánto antes mejor! En serio: suena muy interesante esto que nos cuentas. Espero que pronto todos los que disfrutamos con tus escritos podamos leerlas, ¡y que vayan llegando nuevos lectores!
Muchas gracias por tu tiempo, tus palabras y tus fotos. Ahora, ¡a seguir así!

                                                                                                                         

Reseña: HORROR VACUI, de Paula Lapido.

Título: Horror Vacui
Autora: Paula Lapido
Edita: Salto de Página
Páginas: 304
Precio: 17,90 €

Una vez me atropelló un coche. Ocurrió un día de enero, cuando cruzaba un paso de peatones con mi perro. El conductor no paró y yo acabé volando por los aires, según me han contado. Cuando desperté en el centro de salud, no entendía absolutamente nada. Me sentía confusa, asustada, perdida. Una pequeña parte de mi memoria se había quedado en la carretera. A veces me digo: si mi breve pérdida de memoria fue tan angustiosa para mí, ¿cómo de terrible sería perder los recuerdos de toda una vida? Este es el punto de partida de Horror Vacui, la novela de Paula Lapido de la que hoy os vengo a hablar.
Isaac es un tatuador obsesionado con llenar los espacios de su mundo dibujando muchas cosas, sobre todo peces de trescientas cuarenta y cinco escamas. Nada de lo que dibuje, sin embargo, le hará llenar los espacios vacíos de su mente. Y es que Isaac solo recuerda lo que ha pasado en los últimos diez años. Lo demás es una niebla oscura, una maraña de sueños que no logra entender.
Una noche, Isaac encuentra un cadáver en la calle. Todo indica que se trata de un conocido millonario. Sin embargo, poco después una misteriosa mujer contrata a Isaac para trabajar para el mismo hombre. Este nuevo enigma se une a todos los que Isaac lleva tiempo descifrar. La cuestión es: ¿llegará el tatuador a descubrir alguna respuesta?
Es difícil entrar en la mente y en los sentimientos de alguien que padece un trastorno. Hace falta mucha empatía, muchas ganas por comprender la problemática del otro. Hay pegarse a él como si fueras su sombra. Paula Lapido entendió que no había otra manera para hacer llegar al lector a su Isaac, ese hombre con apenas diez años de memoria, el artista con un fuerte trastorno obsesivo-compulsivo; por eso creó un narrador a su medida. Una voz potente a la vez que paciente, meticulosa; aunque tal vez no tan paternal como en otras novelas de temática similar. Un ser que no solo logra el objetivo anterior, sino también el de hacer de esta novela una obra muy cinematográfica: difícil no leerla sin imaginar que estás viendo una película al mismo tiempo.
El narrador, en efecto, hace mucho; pero no lo es todo. Al fin y al cabo, sin unos personajes bien construidos y lo suficientemente singulares, una obra no sería nada. Así, sin Isaac, ese hombre perdido en su memoria y en un mundo gris que no logra entender; ese ser frágil que encuentra la fortaleza para enfrentarse a la gran aventura de su vida dibujando peces de trescientas cuarenta y cinco escamas; esa alma que se enamora sin importar nada ni nadie, esta novela, no sería nada. Tampoco podría entenderse sin sus secundarios: Antonia Aachen, la misteriosa mujer de rojo que hace que Isaac quiera encontrar respuestas; Maurice Cornelius, el millonario que se rodea del color blanco; Emil Bergmann, el empleado codicioso; Otto Lubitsh, el creador de fascinantes a la par que inquietantes autómatas; Nancy, la divertida chica de las pelucas; Jacob, y su obsesión por llevar siempre una cosa en cada mano; el Dr. Samuel Stern, el hombre que tiene las claves para entender el misterio que se cierne sobre el pobre Isaac…
Una obra, como decía antes, no sería nada sin unos buenos personajes. Tampoco sin una buena historia. Una historia lo suficientemente atractiva como para mantenernos pegados a las páginas durante horas y horas. Pues bien, Horror vacui la tiene. Y digo más: la suya es inquietante de principio a fin, repleta de huecos en blanco que tendremos que ir llenando junto a Isaac hasta el final. Un final, por cierto, que no puede dejar indiferentes, uno de los mejores que he leído en los últimos tiempos.
Horror vacui, en resumen, es una obra original, fresca y trepidante que te hará meterte en la mente de una persona obsesionada por llenar el vacío que se cierne a su alrededor. Acompaña a Isaac por las grises calles de la ciudad sin nombre, enamórate de la deslumbrante Antonia, adéntrate en la gran mansión del millonario Maurice Cornelius y descubre al final que tal vez todos tengamos más miedo a quedarnos en blanco de lo que pensamos. ¿Te atreves a comprobarlo? Hazlo antes de que te lo cuenten.
Cristina Monteoliva