domingo, 1 de diciembre de 2013

ENTREVISTA A VÍCTOR CASSINI (II)

¿Puedes explicarnos un poco el título de tu novela, Las salvias florecen en el barro?
Estando ambos elementos muy presentes a lo largo del libro, establecí una analogía entre el barro y esta planta aromática, medicinal por esencia. Porque las salvias son los valores humanos, el barro la falta de moral; las salvias representan a aquellos que malviven por falta de recursos públicos en calles, escuelas y hospitales, el barro a los que se lo llevan crudo en Madrid, Cataluña o Andalucía; las salvias son, lo digo siempre, los que ponen en juego sus vidas por la Paz, el barro los que ponen a salvo las suyas agazapados bajo sus escaños jugando a las equidistancias.
El título podría explicarse con más sencillez  con una  frase de un escritor chino, Lin Yutang, que resume en gran medida el sentido de este libro:
“El hombre superior ama su alma; el hombre inferior ama su propiedad”.
            Las salvias; el barro.

¿Cuánto tiempo tardaste en escribir esta obra?
El proceso creativo más explosivo duró unos pocos meses en los que lo importante era escribir y no perder ideas; que ya habría tiempo de ir modelándolas. Luego han sido más de tres años de descansos, correcciones, eliminaciones y añadidos durante los que el libro ha ido creciendo y tomando su carácter definitivo. Durante ese tiempo, intenté sin éxito que algunas editoriales aceptaran el manuscrito original. A la postre, esos rechazos, y las críticas de algunos amigos, beneficiaron la calidad del trabajo, ya que al seguir trabajando en el texto, considero que logré que éste ganara en calidad.

¿Por qué te decantaste por la autoedición a la hora de publicar tu novela?
En cierta ocasión le dije  a alguien: “¿Quién mejor que yo mismo para pelear por mi trabajo?”, algo que pasa por ser una respuesta muy romántica y digna, pero que tiene una contestación mucho más realista: siempre va a pelear mucho mejor una editorial, con su distribuidora, su publicidad y sus contactos. Como ya he dicho, este libro tiene un marcado componente crítico con la realidad, y ha llegado incluso a ser premonitorio en algunos aspectos. Al no encontrar quien lo publicara, empezaba a correr el riesgo de que perdiera puntos en esos valores y se convirtiera en un texto más de los publicados para sacar tajada de la crisis; así que, una vez que consideré que tenía la suficiente calidad, me decidí a publicar por mi cuenta y riesgo.

Acequia ¿malbalateña?

¿Y qué tal tu experiencia como “autopublicado”?
Una aventura, como tiene que ser; y hay que hacer todo lo posible para lograr que ésta sea extraordinaria, aceptando tanto sus satisfacciones como sus desilusiones. Hay que trabajar mucho para llegar más allá del círculo de familia y amistades. A partir de ahí, actúo como si fuera el depositario de un manuscrito que estoy obligado a divulgar; por lo que busco más lectores y defensores que compradores. Supongo que ésta es otra visión idealista de la Literatura. El hecho de vivir cada paso del proceso de creación y puesta de largo de mi propio libro es algo enormemente enriquecedor, como lo fue la realización del tráiler.
En definitiva: pase lo que pase, no creo que me arrepienta jamás de haberlo intentado. Los muros de Facebook están empapelados de frases que avalan esta forma de pensar, ¿por qué iba yo a llevarles la contraria?

Daniel, el protagonista de Las salvias florecen en el barro y tú sois amantes tanto de la botánica como de la cocina. ¿En qué más se parece tu personaje a ti?
En cualquier cosa menos en mi familia y mis vecinos, por fortuna para todos. Tal vez sí en esa reivindicación del amor paterno presente a lo largo de toda la obra. Y podría añadir que en mi punto de vista cáustico sobre las cosas: Daniel,  junto con el narrador, se han convertido en vehículo de muchos de mis pensamientos más críticos.

¿Dónde se encuentra exactamente Malbalate?
Es un pueblo imaginario que sitúo en La Alpujarra granadina. Se trata de una aldea que podría estar rodeada de un auténtico vergel de no haber sido porque el descuidado trato al que lo sometieron sus habitantes ha acabado por convertirlo en un paisaje yermo. Podría estar en cualquier otro lugar de nuestra geografía; pero conozco bien la zona y me daba mucho juego para la trama. A fin de cuentas, hay quien defiende, de forma bien fundamentada, que no hay nada de malo en escribir de lo que se sabe; es más, considero una temeridad hacer lo contrario. En cualquier caso, el texto no es un relato costumbrista, sino una extensa metáfora aplicable a todo nuestro territorio nacional. El nombre surgió por casualidad mientras buscaba apellido para mis personajes. Para una toma del tráiler del libro filmé un pueblo que, aunque invito a los lectores a que adivinen su nombre, poco tiene que ver con la idiosincrasia de Malbalate.




¿Existe en esta novela algún personaje inspirado en alguien real?
Los hay, y en dos sentidos. Por un lado, personajes inspirados en seres de carne y hueso con los que me he tropezado con mejor o peor fortuna. Tal vez, el ejemplo más claro es Tito, el carpintero. Por otro lado (no hay que olvidar que este libro es una extensa metáfora), muchos personajes son la fiel representación de una institución, de una forma de ejercer la política, de un ideal, o de una perversión del mundo real, es decir, son la imagen de lo que vivimos día a día; un reflejo deformado, si quiere verse así, pero puro reflejo a fin de cuentas. El lector puede intentar descubrir a lo largo del libro quién es quién, pero la explicación la encontrarán al final.

¿Cuál es tu personaje favorito y cuál el que más detestas?
Conjugando ambos puntos de vista, el del personaje y el de lo que representa, quien sale mejor parado es Gaspar, el médico. Como personaje, por sus buenas intenciones y su sufrimiento, y en cuanto a lo que representa… porque la sociedad necesita con urgencia de sus servicios.
También, aunque actúen tan sólo como informantes, aún me divierto mucho releyendo las escenas de Nacho y Eva, dos periodistas muy particulares.
El más detestable para mí es Sonsoles, como personaje es traicionero y cobarde; en razón a lo que representa, porque es la imagen de una de las facetas que considero más despreciables en la política actual: la del silencio ante el crimen.


Laguna ¿malbalateña?

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