jueves, 11 de julio de 2013

LVEUM. Capítulo 2- 1


HORTENSIA. Arbusto exótico.
HORTENSIA. Flor de la planta de igual nombre (se puede encontrar en diversos colores)
HORTENSIA. Cóctel a base de licor de piña, jarabe de fresa, vino de moras y otras exquisiteces frutales que se sirve en la cafetería de Tía Polly. Verdaderamente repugnante.
HORTENSIA. Mi vecina.
HORTENSIA. Mi compañera de pupitre.
HORTENSIA. Mi sombra.
HORTENSIA. Mi peor pesadilla.
HORTENSIA. ¡Pero si estabas muerta!
-Milagros, ¿qué haces tumbada en el suelo? Se te ve pálida - dijo la voz cavernosa del fantasma de Hortensia.
Fue entonces cuando me miré las manos para constatar, efectivamente, que estaba más blanca que las recién pintadas paredes del dormitorio de mis abuelos. Inmediatamente, además, empezaron a aflorar sobre mis muñecas un sinfín de puntitos rojos de alarmante aspecto. La garganta se me quedó seca y un escalofrío recorrió mi espalda de arriba abajo. Ni siquiera sé de dónde saqué las fuerzas para decir:
-Hortensia, esto no puede ser.
- ¿Qué es lo que no puede ser? –se apresuró a preguntar con su habitual tono autoritario el espectro-. No me digas que crees que van a suspenderte en Matemáticas, porque no te creo. Siempre dices lo mismo, y mira luego qué notas sacas. Si lo sabré yo… Y, venga, levántate, que pareces tonta ahí tirada.
-Hortensia, te aseguro que si ahora me hacen un examen, lo suspendo. Hace un millón de años que no estudio Matemáticas- dije mientras me levantaba muy lentamente y me sentaba en una de las viejas sillas, la vista dirigida hacia otro lado que no fuera el fantasma amorfo y brillante (no fuera a ser que me diera otro patatús y acabara cayéndome de bruces y partiéndome los dientes).  
-O sea, que sacas notazas sin estudiar. ¡Esta sí que es buena! Bueno, vamos a recoger las cosas e irnos a casa. Tengo ganas de llegar y ver qué ha cocinado mi madre. ¡Tengo tanta hambre como si llevara años sin comer!
-Es que llevas años sin comer. Y sin beber. Y sin respirar. Y sin existir.
-Definitivamente tienes que estar mal, porque mira que dices cosas raras- dijo colocándose justo delante de mis narices, ¡imposible no mirarla!
Intenté tragar saliva, pero tenía la garganta prácticamente cerrada. La vista se me nublaba por momentos y el sarpullido de la piel iba a peor. Aun así, hice de tripas corazón y, con el tono más alto que conseguí sacar de mis cuerdas vocales, dije:
-Hortensia, estamos en el año 2013. Hace dieciocho años, el día antes del baile de fin de curso, tuviste un accidente con el tractor de tu padre.
-¿Pero qué historia es esa? – gritó, tan fuerte y tan bestialmente, que todos los vellos de mi cuerpo se erizaron del miedo.
-Quedaste irreconocible- continué, a pesar del espanto-. Tuvieron que poner un ataúd cerrado en tu funeral.
-Y si todo eso ha pasado, ¿qué hago yo aquí?- inquirió aún bastante enfadada.
-No tengo ni idea. Pero, por favor, vete, que me estás asustando mucho – murmuré mientras sentía que mi cuerpo se encogía y se hacía cada vez más y más pequeño en la silla.
-¿Cómo puedo darte miedo? ¡Soy tu mejor amiga de toda la vida!
-Pues…A ver, eres un ser transparente y con voz de cantante de heavy metal trasnochado. No tienes pies. Flotas en el aire y no paras de moverte…Vaya, que eres un fantasma de los de verdad. El auténtico fantasma del instituto.
-¡Eso no es cierto! ¡Estás intentando asustarme tú a mí! Estamos en los 90. Y si no…y si no… ¡Mira tu camiseta de Bon Jovi!
-Mi camiseta de Bon Jovi… - dije esbozando una sonrisa nerviosa y sarcástica al mismo tiempo-. Bueno, yo es que soy una nostálgica. Una treinteañera patética, también.  
-¿Treinteañera? ¡Vamos, Mila! ¡Pero si tienes dieciséis años!
- Tengo treintaicuatro años, Hortensia, treintaicuatro. Hace muchos años que peino canas y uso esas estúpidas cremas antiarrugas.
-¡Pero si yo te veo igual!
-Debe de ser miopía de fantasma.
-A ver que me acerque y te vea bien– dijo volando, literalmente, hacia mí de forma violenta.

-¡No! ¡No vengas! – grité mientras me balanceaba hacia atrás en la silla, totalmente aterrorizada, justo antes de caer hacia atrás, golpearme de nuevo la cabeza y sumirme en un negro pero a la vez tranquilo sueño que, por desgracia, no habría de durar mucho. 

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