miércoles, 26 de junio de 2013

Entrevista a JOSÉ C. VALES

La gente se sorprende cuando un reseñista publica un libro. Tampoco nadie parece esperar que un traductor se convierta de pronto en el autor de su propia novela. Pero lo cierto es que estas cosas pasan, y mucho más a menudo de lo que esas personas que nos encasillan a los reseñistas y a los traductores se esperan.
José C. Vales es traductor y está especializado en todo lo que tiene que ver con el romanticismo.
Pero José C. Vales también es escritor y acaba de publicar El pensionado de Neuwelke, una novela que nada tiene que envidiar a las románticas de los siglos XVIII y XIX, una historia de misterios sin resolver y jovencitas díscolas (podéis ver mi reseña en http://www.laorilladelasletras.com/2013/06/el-pensionado-de-neuwelke-jose-c-vales.html).
Yo creo que José C. Vales tiene mucho que contar acerca de su novela, del romanticismo y otros muchos temas. Y él, que además de traductor y escritor, es una persona solícita, me contesta amablemente a mis preguntas. ¿Queréis ver el resultado? Solo tenéis que seguir leyendo:


He leído que te licenciaste en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca para especializarte luego en filosofía y estética de la literatura romántica en Madrid. Tu actividad profesional ha estado siempre vinculada al mundo editorial, como redactor, editor y traductor para distintas casas. Sin embargo, hasta ahora no habías publicado ninguna novela. ¿Se debe esto a que antes no habías sentido la necesidad de escribir, o al menos no la de publicar, o a otros factores diferentes?
Siempre he escrito, claro. Sería una monstruosidad –y una irresponsabilidad– no haber escrito nunca y, sin más, redactar una novela de quinientas páginas. Cuando era joven, escribía más. Después, la filología te enseña a ser más humilde y prudente, y dejé de escribir durante muchos años. Escribía, en realidad, como quien hace ejercicios... Los estudiantes antiguos y medievales lo hacían también: imitaban a los grandes escritores para adquirir destrezas, aparte de estudiar otras muchas disciplinas, naturalmente. El hecho de publicar ahora casi ha sido una casualidad; una aventura curiosa e interesante.

Eres un experto en romanticismo y tu novela, El Pensionado de Neuwelke, es una historia de corte romántico. ¿Has temido en algún momento que los otros amantes del género que la lean pudieran no sentirse satisfechos con el resultado?
Me gustaría dejar muy claro que el romanticismo de El Pensionado de Neuwelke no tiene nada que ver con las novelas de género modernas, llamadas “románticas”, sino con el movimiento cultural revolucionario que comenzó a finales del siglo XVIII con el Sturm und Drang alemán –entre otras cosas– y concluyó, aproximadamente, a mediados del XIX. Ese movimiento ideológico, filosófico, cultural y literario no guarda ninguna relación con el “romanticismo” de las novelas sentimentales y de erotismo soft modernas. Es una confusión habitual y una desgracia, pero los lectores (lectoras, sobre todo) de novelas “románticas” probablemente se sentirán muy decepcionados con El Pensionado. Por el contrario, si disfrutan con Austen, las hermanas Brönte, Shelley, Byron, Goethe, Dickens, Trollope o Collins, es posible que pasen un buen rato con mi novela.

¿Es difícil escribir una historia de estilo romántico con la visión que hoy en día tenemos de las cosas?
En general, las novelas “de época” tienen algunas dificultades inevitables que son también parte de su encanto: es necesario conocer la mentalidad de la época (en mi caso, mediados del siglo XIX), conocer las costumbres, la literatura, la cultura, y otros datos imprescindibles, como el léxico y el modo de hablar. Nuestro mundo, es cierto, ya nada tiene que ver con el siglo XIX, y lo que se propone en El Pensionado es, en cierto sentido, un juego con la “mitología” romántica. Nos gusta ver esa época tal y como la imaginamos, aunque probablemente era más dura y menos encantadora de lo que sospechamos. Ocurre lo mismo cuando se redactan novelas del medievo o de la antigüedad clásica.
  


El Pensionado de Neuwelke se inspira en un hecho que, tal y como citas en tu web, www.josecvales.com, aparece en el libro Footfalls of ghe Boundary of Another World, with narrative ilustrations, de Robert Dale Owen, en 1960. ¿Recuerdas cómo llegaste a esta historia (o cómo esta historia llegó a ti)?
Recuerdo que estaba buscando información sobre fenómenos extraños en el siglo XIX, pero no recuerdo si era por algún trabajo editorial o por una curiosidad personal. Di con ese libro después de conocer brevemente el caso de Émilie Sagée, la profesora francesa que vagó durante años por Europa huyendo de una dolencia que, más bien, era una maldición. Robert Dale Owen, que era un congresista americano aficionado a los sucesos paranormales, supo de esa historia y la redactó en el libro que has citado; escribió en un par de páginas la historia de esta institutriz, y esos breves párrafos sirvieron de fundamento —bastante modificado, lo reconozco— a la historia de El Pensionado.

¿Cuántos de los personajes de los que hablas en tu novela existieron realmente y cuántos han salido de tu imaginación?
Si no recuerdo mal, el congresista dice que existieron realmente Émilie Sagée, el señor Buch (el propietario del Pensionado), la señorita Antoinette de Wrangel y Julie von Güldenstubbe. Todos los demás personajes de la novela son ficticios. Pero incluso los personajes que Owen dijo que eran reales se han modificado sustancialmente en la novela.

¿Cuál es tu personaje favorito de esta historia? ¿Por qué?
Mi personaje favorito es una alumna de unos dieciséis años que se llama Sönke. Es una lectora emperdernida de las obras de Jane Austen y tiene una percepción de la existencia basada en el afecto y el cariño a los demás. Es la única joven que sufre un proceso de iniciación a la madurez en la novela, porque tiene que afrontar la muerte terrible de su maiden. Los lectores suelen preferir al jardinero Fou’fingers, a la profesora Vi, a la sensual sor Yvonne, o incluso al gato Ossián. Hay muchos personajes y cada cual disfruta con uno.



El Pensionado de Neuwelke gira en torno al fenómeno del doppelgänger, del desdoblamiento fantasmagórico que sufre la protagonista. ¿Crees en este tipo de fenómenos?
No, no creo que ese tipo de cosas sean muy probables. Aunque lo que uno crea no tiene demasiada relevancia, me parece. En realidad, el fenómeno paranormal en la novela sólo es una excusa para tejer una red de relaciones humanas entre los personajes del Pensionado. Y eso era lo que más me interesaba. De todos modos, la gente se asombra por un fantasma y no le da mayor trascendencia a ir girando por el espacio en una minúscula gota de tierra y agua a cientos de miles de kilómetros por hora alrededor del Sol. La gente pone el grito en el cielo por un fantasma, pero no se asombra ante el proceso de generación de una crisálida y su mariposa... Este mundo, mi querida Cristina, es asombroso, misterioso, caótico, ridículo, maravilloso... casi milagroso. Y deberíamos poder disfrutarlo, gozarlo y sufrirlo –vivirlo, en fin– tal y como es. A veces bastaría con apartar la mirada del ordenador o del teléfono: entonces descubriríamos una cantidad de prodigios que nos dejarían estupefactos.

He leído que el doppelgänger suele ser un “gemelo malvado”. Sin embargo, el de tu novela no me lo parece. ¿Por qué, sin embargo, crees que podría asustar tanto este fenómeno a los que supuestamente lo experimenten?
No, no tiene por qué ser un gemelo malvado. El folclore del norte de Europa está plagado de figuras parecidas. El doble puede traer buenas o malas noticias, avisar de un peligro, indicar una muerte o una tragedia... o, como en mi novela, ser simplemente una experiencia indeseable e incontrolable. Eso me interesaba más que proponer un cuento de miedo. A Émilie Sagée le ocurre algo que no puede controlar y que no puede dominar. En realidad, eso nos ocurre a todos. Creemos que dominamos nuestro mundo, cuando, en realidad, no sabemos ni lo que nos ocurre en el interior ni lo que puede ocurrirnos en el exterior. Es la consecuencia de un mundo caótico, terrible, aterrador... pero también maravilloso y sorprendente.

Volviendo al tema de los doppelgänger, ¿por qué crees que no son tan populares, al menos literariamente hablando, como los zombis, los vampiros o los hombres lobo?
Nunca me he planteado la razón de esa falta de popularidad, pero... yo diría que tiene que ver con la fuerza del mito. La criatura de Victor Frankenstein, Drácula o los zombies son mitos modernos y, como tales, tienen una estructura tan potente, tan sólida y tan interesante como los mitos clásicos, digamos, Prometeo o Ulises o Teseo. Representan un deseo, un anhelo, un temor, un miedo... alguna de las miles de facetas misteriosas y complejísimas del ser humano. El doppelgänger, al parecer, no tiene esa potencialidad mítica en la mentalidad popular.



¿Qué esperas que encuentren los lectores en El Pensionado de Neuwelke?
Redacté El Pensionado de Neuwelke como quien reúne a unos amigos junto al fuego y les cuenta una historia. Digamos, un ambiente dickensiano. Me gustaría que se entendiera en ese sentido un poco ancestral y casi homérico: venid, sentaos, que os voy a contar un cuento de fantasmas. Y me gustaría que se entendiera como un relato entretenido y curioso. Es un cuento para pasar un par de noches invernales junto al fuego. Eso me gusta pensar. Desde luego, el lector que tenga referencias literarias un poco más complejas podrá disfrutarlo de otro modo; pero no es necesario conocer la filosofía y la estética del Romanticismo para leerlo y disfrutarlo, creo.

¿Tienes nuevos proyectos literarios en marcha?
Sí, naturalmente. Espero poder comenzar la redacción de una nueva novela en cuanto acabe los trabajos de planificación y la documentación previa. Por otro lado, mis labores habituales de traducción y de edición con frecuencia me impiden dedicarle a la creación todo el tiempo que me gustaría.

¿Crees que debería haberte preguntado algo más en esta entrevista? Adelante, diles a los lectores lo que quieras antes de finalizar.
Lo primero que quiero hacer es darte las gracias por tener en cuenta El Pensionado de Neuwelke. Y en segundo lugar, me gustaría que los lectores que se acercaran a esta novela no cayeran en el error de pensar que es una novela sentimental: es una novela romántica porque todo en ella está basado en los textos de la revolución cultural romántica del siglo XIX, en Schiller, en Goethe, en Shelley, en Byron, etcétera. No tiene sentido buscar aquí sucesos precipitados, crímenes sin cuento, o amores de “comedia romántica”. Es un relato –espero que entretenido– en el que los afectos y las emociones tienen más relevancia que las carreras y los sustos. Que la disfruten, porque para eso se escribió. Un saludo a todos.

Muchas gracias, Jose, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales.

Yo estoy segura de que todos los que se acerquen a tu libro lo harán a sabiendas de que se trata de una novela romántica decimonónica, y no otra cosa. Y los que no, seguro que se llevan una sorpresa, pero de las agradables.

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