miércoles, 26 de junio de 2013

YO SOY MEDUSA

El mar de las letras está lleno de todo tipo de seres vivos con ganas de alcanzar la orilla de los lectores: fieros tiburones que no dudarán en hacer lo que sea; peces payaso, que hacen que la sonrisa aflore incluso cuando estás triste; poéticos caballitos de mar; calamares en su tinta; pulpos que te atrapan a veces sin que tú sepas por qué… Y luego estamos nosotras, las medusas.

Las medusas somos gelatinosas, de colores vistosos, de gráciles movimientos. Nosotras nadamos lentamente, con paciencia, hacia la orilla. Pero cada vez que parece que vamos a alcanzar a los lectores, ¡zas!, llega alguien que nos caza y nos mata.

Aunque la verdad es que como medusa no puedo quejarme. Al menos, he conseguido llegar hasta vosotros y hacer que os pique la curiosidad por algunas de las secciones de esta web. Además, en este mar a veces las cosas cambian. Unos seres pueden transformarse en otros con el tiempo, el esfuerzo y un poco de suerte. ¿Quién sabe? Igual yo acabo convirtiéndome en una sirena mediterránea…

Ahora dejémonos de bichos y pasemos al contenido de esta nueva actualización:

-         Entrevista a José C. Vales, autor de EL PENSIONADO DE NEUWELKE. http://www.laorilladelasletras.com/2013/06/entrevista-jose-c-vales.html
-         Presentación de AL SUR DE LA NADA, de Herminia Luque, en Granada. http://www.laorilladelasletras.com/2013/06/presentacion-de-al-sur-de-la-nada-en.html

-         Segunda parte del primer capítulo del folletín del verano LVEUM http://www.laorilladelasletras.com/2013/06/lveum-capitulo-1-2.html


Entrevista a JOSÉ C. VALES

La gente se sorprende cuando un reseñista publica un libro. Tampoco nadie parece esperar que un traductor se convierta de pronto en el autor de su propia novela. Pero lo cierto es que estas cosas pasan, y mucho más a menudo de lo que esas personas que nos encasillan a los reseñistas y a los traductores se esperan.
José C. Vales es traductor y está especializado en todo lo que tiene que ver con el romanticismo.
Pero José C. Vales también es escritor y acaba de publicar El pensionado de Neuwelke, una novela que nada tiene que envidiar a las románticas de los siglos XVIII y XIX, una historia de misterios sin resolver y jovencitas díscolas (podéis ver mi reseña en http://www.laorilladelasletras.com/2013/06/el-pensionado-de-neuwelke-jose-c-vales.html).
Yo creo que José C. Vales tiene mucho que contar acerca de su novela, del romanticismo y otros muchos temas. Y él, que además de traductor y escritor, es una persona solícita, me contesta amablemente a mis preguntas. ¿Queréis ver el resultado? Solo tenéis que seguir leyendo:


He leído que te licenciaste en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca para especializarte luego en filosofía y estética de la literatura romántica en Madrid. Tu actividad profesional ha estado siempre vinculada al mundo editorial, como redactor, editor y traductor para distintas casas. Sin embargo, hasta ahora no habías publicado ninguna novela. ¿Se debe esto a que antes no habías sentido la necesidad de escribir, o al menos no la de publicar, o a otros factores diferentes?
Siempre he escrito, claro. Sería una monstruosidad –y una irresponsabilidad– no haber escrito nunca y, sin más, redactar una novela de quinientas páginas. Cuando era joven, escribía más. Después, la filología te enseña a ser más humilde y prudente, y dejé de escribir durante muchos años. Escribía, en realidad, como quien hace ejercicios... Los estudiantes antiguos y medievales lo hacían también: imitaban a los grandes escritores para adquirir destrezas, aparte de estudiar otras muchas disciplinas, naturalmente. El hecho de publicar ahora casi ha sido una casualidad; una aventura curiosa e interesante.

Eres un experto en romanticismo y tu novela, El Pensionado de Neuwelke, es una historia de corte romántico. ¿Has temido en algún momento que los otros amantes del género que la lean pudieran no sentirse satisfechos con el resultado?
Me gustaría dejar muy claro que el romanticismo de El Pensionado de Neuwelke no tiene nada que ver con las novelas de género modernas, llamadas “románticas”, sino con el movimiento cultural revolucionario que comenzó a finales del siglo XVIII con el Sturm und Drang alemán –entre otras cosas– y concluyó, aproximadamente, a mediados del XIX. Ese movimiento ideológico, filosófico, cultural y literario no guarda ninguna relación con el “romanticismo” de las novelas sentimentales y de erotismo soft modernas. Es una confusión habitual y una desgracia, pero los lectores (lectoras, sobre todo) de novelas “románticas” probablemente se sentirán muy decepcionados con El Pensionado. Por el contrario, si disfrutan con Austen, las hermanas Brönte, Shelley, Byron, Goethe, Dickens, Trollope o Collins, es posible que pasen un buen rato con mi novela.

¿Es difícil escribir una historia de estilo romántico con la visión que hoy en día tenemos de las cosas?
En general, las novelas “de época” tienen algunas dificultades inevitables que son también parte de su encanto: es necesario conocer la mentalidad de la época (en mi caso, mediados del siglo XIX), conocer las costumbres, la literatura, la cultura, y otros datos imprescindibles, como el léxico y el modo de hablar. Nuestro mundo, es cierto, ya nada tiene que ver con el siglo XIX, y lo que se propone en El Pensionado es, en cierto sentido, un juego con la “mitología” romántica. Nos gusta ver esa época tal y como la imaginamos, aunque probablemente era más dura y menos encantadora de lo que sospechamos. Ocurre lo mismo cuando se redactan novelas del medievo o de la antigüedad clásica.
  


El Pensionado de Neuwelke se inspira en un hecho que, tal y como citas en tu web, www.josecvales.com, aparece en el libro Footfalls of ghe Boundary of Another World, with narrative ilustrations, de Robert Dale Owen, en 1960. ¿Recuerdas cómo llegaste a esta historia (o cómo esta historia llegó a ti)?
Recuerdo que estaba buscando información sobre fenómenos extraños en el siglo XIX, pero no recuerdo si era por algún trabajo editorial o por una curiosidad personal. Di con ese libro después de conocer brevemente el caso de Émilie Sagée, la profesora francesa que vagó durante años por Europa huyendo de una dolencia que, más bien, era una maldición. Robert Dale Owen, que era un congresista americano aficionado a los sucesos paranormales, supo de esa historia y la redactó en el libro que has citado; escribió en un par de páginas la historia de esta institutriz, y esos breves párrafos sirvieron de fundamento —bastante modificado, lo reconozco— a la historia de El Pensionado.

¿Cuántos de los personajes de los que hablas en tu novela existieron realmente y cuántos han salido de tu imaginación?
Si no recuerdo mal, el congresista dice que existieron realmente Émilie Sagée, el señor Buch (el propietario del Pensionado), la señorita Antoinette de Wrangel y Julie von Güldenstubbe. Todos los demás personajes de la novela son ficticios. Pero incluso los personajes que Owen dijo que eran reales se han modificado sustancialmente en la novela.

¿Cuál es tu personaje favorito de esta historia? ¿Por qué?
Mi personaje favorito es una alumna de unos dieciséis años que se llama Sönke. Es una lectora emperdernida de las obras de Jane Austen y tiene una percepción de la existencia basada en el afecto y el cariño a los demás. Es la única joven que sufre un proceso de iniciación a la madurez en la novela, porque tiene que afrontar la muerte terrible de su maiden. Los lectores suelen preferir al jardinero Fou’fingers, a la profesora Vi, a la sensual sor Yvonne, o incluso al gato Ossián. Hay muchos personajes y cada cual disfruta con uno.



El Pensionado de Neuwelke gira en torno al fenómeno del doppelgänger, del desdoblamiento fantasmagórico que sufre la protagonista. ¿Crees en este tipo de fenómenos?
No, no creo que ese tipo de cosas sean muy probables. Aunque lo que uno crea no tiene demasiada relevancia, me parece. En realidad, el fenómeno paranormal en la novela sólo es una excusa para tejer una red de relaciones humanas entre los personajes del Pensionado. Y eso era lo que más me interesaba. De todos modos, la gente se asombra por un fantasma y no le da mayor trascendencia a ir girando por el espacio en una minúscula gota de tierra y agua a cientos de miles de kilómetros por hora alrededor del Sol. La gente pone el grito en el cielo por un fantasma, pero no se asombra ante el proceso de generación de una crisálida y su mariposa... Este mundo, mi querida Cristina, es asombroso, misterioso, caótico, ridículo, maravilloso... casi milagroso. Y deberíamos poder disfrutarlo, gozarlo y sufrirlo –vivirlo, en fin– tal y como es. A veces bastaría con apartar la mirada del ordenador o del teléfono: entonces descubriríamos una cantidad de prodigios que nos dejarían estupefactos.

He leído que el doppelgänger suele ser un “gemelo malvado”. Sin embargo, el de tu novela no me lo parece. ¿Por qué, sin embargo, crees que podría asustar tanto este fenómeno a los que supuestamente lo experimenten?
No, no tiene por qué ser un gemelo malvado. El folclore del norte de Europa está plagado de figuras parecidas. El doble puede traer buenas o malas noticias, avisar de un peligro, indicar una muerte o una tragedia... o, como en mi novela, ser simplemente una experiencia indeseable e incontrolable. Eso me interesaba más que proponer un cuento de miedo. A Émilie Sagée le ocurre algo que no puede controlar y que no puede dominar. En realidad, eso nos ocurre a todos. Creemos que dominamos nuestro mundo, cuando, en realidad, no sabemos ni lo que nos ocurre en el interior ni lo que puede ocurrirnos en el exterior. Es la consecuencia de un mundo caótico, terrible, aterrador... pero también maravilloso y sorprendente.

Volviendo al tema de los doppelgänger, ¿por qué crees que no son tan populares, al menos literariamente hablando, como los zombis, los vampiros o los hombres lobo?
Nunca me he planteado la razón de esa falta de popularidad, pero... yo diría que tiene que ver con la fuerza del mito. La criatura de Victor Frankenstein, Drácula o los zombies son mitos modernos y, como tales, tienen una estructura tan potente, tan sólida y tan interesante como los mitos clásicos, digamos, Prometeo o Ulises o Teseo. Representan un deseo, un anhelo, un temor, un miedo... alguna de las miles de facetas misteriosas y complejísimas del ser humano. El doppelgänger, al parecer, no tiene esa potencialidad mítica en la mentalidad popular.



¿Qué esperas que encuentren los lectores en El Pensionado de Neuwelke?
Redacté El Pensionado de Neuwelke como quien reúne a unos amigos junto al fuego y les cuenta una historia. Digamos, un ambiente dickensiano. Me gustaría que se entendiera en ese sentido un poco ancestral y casi homérico: venid, sentaos, que os voy a contar un cuento de fantasmas. Y me gustaría que se entendiera como un relato entretenido y curioso. Es un cuento para pasar un par de noches invernales junto al fuego. Eso me gusta pensar. Desde luego, el lector que tenga referencias literarias un poco más complejas podrá disfrutarlo de otro modo; pero no es necesario conocer la filosofía y la estética del Romanticismo para leerlo y disfrutarlo, creo.

¿Tienes nuevos proyectos literarios en marcha?
Sí, naturalmente. Espero poder comenzar la redacción de una nueva novela en cuanto acabe los trabajos de planificación y la documentación previa. Por otro lado, mis labores habituales de traducción y de edición con frecuencia me impiden dedicarle a la creación todo el tiempo que me gustaría.

¿Crees que debería haberte preguntado algo más en esta entrevista? Adelante, diles a los lectores lo que quieras antes de finalizar.
Lo primero que quiero hacer es darte las gracias por tener en cuenta El Pensionado de Neuwelke. Y en segundo lugar, me gustaría que los lectores que se acercaran a esta novela no cayeran en el error de pensar que es una novela sentimental: es una novela romántica porque todo en ella está basado en los textos de la revolución cultural romántica del siglo XIX, en Schiller, en Goethe, en Shelley, en Byron, etcétera. No tiene sentido buscar aquí sucesos precipitados, crímenes sin cuento, o amores de “comedia romántica”. Es un relato –espero que entretenido– en el que los afectos y las emociones tienen más relevancia que las carreras y los sustos. Que la disfruten, porque para eso se escribió. Un saludo a todos.

Muchas gracias, Jose, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales.

Yo estoy segura de que todos los que se acerquen a tu libro lo harán a sabiendas de que se trata de una novela romántica decimonónica, y no otra cosa. Y los que no, seguro que se llevan una sorpresa, pero de las agradables.

EL PENSIONADO DE NEUWELKE. José C. Vales

Título: El pensionado de Neuwelke
Autor: José C. Vales
Editorial: Planeta
Págs: 464
Precio: 19,90 €

Sabemos mucho de fantasmas, vampiros, hombres lobo, zombis y otros seres monstruosos. Poco se ha escrito en España, sin embargo, de un tipo de fenómeno muy popular en otras zonas de Europa: el doppelgänger. El doppelgänger es un doble espectral de una persona. En ocasiones es malvado; en otras, totalmente inofensivo. En todo caso, siempre intriga, desconcierta, causa espanto entre los que no están acostumbrados a vérselas con seres etéreos y fantasmagóricos. Si quieres saber más sobre el tema, nada mejor que adentrarte en las páginas de El pensionado de Neuwelke, la novela de José C. Vales de la que hoy te vengo a hablar.
Los empleos no suelen durarle a Émilie Sagée, la institutriz francesa. A pesar de sus buenas dotes con las chicas y sus aptitudes como profesora, la bella gala siempre acaba de patitas en la calle y, a veces, con una horda de aldeanos pisándole los talones. No es de extrañar que cada vez tenga que ir más lejos en busca de trabajo y techo. Tampoco que se sirva de falsas referencias para solicitar el puesto en el pensionado de Neuwelke, en la ciudad libre de Wolmar (Livonia). Da igual, sin embargo, lo bien que le caiga tanto a sus compañeros, a su jefe y a las niñas del internado de señoritas: el “pequeño” problema de Émilie siempre acabará saliendo a la luz. Y cuando lo haga, las cosas ya nunca volverán a ser igual.
A Émilie Sagée le pasa algo muy curioso: cuando menos se lo espera, su alma sale de su cuerpo y aparece en otro lugar. Su doppelgänger es inofensivo, pero, ¿cómo pueden los demás saberlo? Estamos hablando de mediados del siglo XI, la gente era mucho más asustadiza entonces. ¡Y todavía se creían en brujas! No es de extrañar, por tanto, que la pobre institutriz francesas tuviera que pasarse la vida de un lado a otro, huyendo de un espectro que la acompañaría hasta su muerte.
Nadie diría, después de conocer al gran narrador que nos conduce por los pasillos de este curioso pensionado, sus jardines y aledaños, que esta es la primera novela publicada de José C. Vales. Si digo que esta voz omnisciente es magnífica, me quedo corta. Y es que este ser no solo se preocupa por mostrarnos la vida, presente y pasada, de todos los personajes con amabilidad y cierto sentido del humor, de describir al detalle todo lo que de verdad importa, y hablarnos de las relaciones, a veces bastante complejas, que se establecen entre los actores de esta obra, sino que lo hace con un estilo de prosa impecable, muy personal, a la vez que atractivo.
Esta es una novela coral en la que todos y cada uno de sus habitantes tiene su peso específico: Émilie Sagée, la pobre pero encantadora institutriz francesa incapaz de deshacerse de “su problemilla”; Leónidas Buch, el director cuya mujer sufre una extraña y dramática enfermedad; Jonas Fou´fingers, el cascarrabias y a la vez entrañable jardinero; la señora Vi, tan inmensa en todos los sentidos; el profesor David Whimple, causante de los desvelos de la dama de compañía Augusta Dehmel; el trío formado por las jovencitas Julie, Sönke y Antoinette, las tres encantadoras rebeldes; el malvado père Balkas, obsesionado hasta la muerte con capturar a la profesora… En fin, tenéis que conocerlos. A todos.
El pensionado de Neuwelke es una novela romántica al más puro estilo clásico. Esto quiere decir que no vamos a encontrar grandes amores con sus correspondientes pasiones, sino una historia de fantasmas, injusticias, almas atormentadas y seres con fuertes convicciones. Tal y como se hubiera escrito entre el siglo XVIII y XIX. De hecho, la historia está ambientada en los años centrales del siglo XIX, en el frío país de Livonia. Se basa, además, en un hecho supuestamente real. ¿Ocurrió aquello de verdad? Difícil de creer, pero, ¿y si fuera posible?
El pensionado de Neuwelke, en definitiva, es una novela romántica (del movimiento del romanticismo) escrita con maestría, una historia de fantasmas y seres humanos con mucho que contar, que conseguirá atrapar entre sus páginas a lectores muy diversos. Sumérgete ahora en este libro y descubre el doppelgänger de la señorita Sagée, los amores correspondidos y no correspondidos del internado, las travesuras de las chicas, la maldad del ser humano y el temor ante lo imposible. Verás que este libro no te deja indiferente en ningún momento. ¿Te atreves a comprobarlo?
Cristina Monteoliva


PRESENTACIÓN DE "AL SUR DE LA NADA" EN GRANADA

El pasado martes 4 de junio tuvo lugar en La Biblioteca de Andalucía (Granada) la presentación de Al sur de la nada, la nueva obra literaria de la escritora granadina residente en Málaga Herminia Luque.

Al sur de la nada (e.d.a., 2013) es la tercera obra de ficción publicada por Herminia Luque, tras Bitácora de Poseidón y El códice purpúreo (ambas obras publicadas por Paréntesis editorial). Tal y como podemos leer en www.herminialuque.com, El libro Al sur de la nada está formado por tres historias diferentes. Tres relatos protagonizados por mujeres distintas; las tres, sin embargo, repasan sus vidas ante la cercanía de la muerte. En el relato que da nombre al volumen, Herminia Luque ha imaginado los posibles sentimientos de una joven (Anica en la ficción) seducida por un escritor (Gerald Brenan quizá) del que queda embarazada. En el segundo relato, Un féretro naranja, una antigua reina de la belleza (Amparo Muñoz) encara con lucidez la recta final de su enfermedad. Y en el tercero, La cabra, una anciana Virginia Woolf escribe sus memorias, incluido el episodio de un intento de suicidio al que sobrevivió milagrosamente. Aunque radicalmente distintas, entre las vidas de estas mujeres se crearán sutiles pasadizos, casi invisibles pero reales como las materias de sus vidas”.

La presentación corrió a cargo de Juan Carlos Friebe, quién, entre otras cosas, destacó la calidad literaria de la que gozan siempre los escritos de Luque.

También intervino brevemente Carmen Martínez, coordinadora de todas las actividades del Centro Andaluz de las Letras en Granada (esta presentación era una de ellas). 

De izquierda a derecha: Herminia Luque, Juan Carlos Friebe y, de pie, Carmen Martínez.

LVEUM. Capítulo 1-2

Todo el mundo en Witi-Waka conoce las historias de fantasmas del Colinas Verdes. Las hay para todos los gustos: de profesores vengativos, de conserjes malhumorados, de estudiantes que tuvieron que dejar el instituto para ir a la guerra… Cada año alguien inventa alguna nueva, aunque no creo que nunca nadie haya visto un verdadero ente espectral en el instituto en el que yo cursé mis estudios hacía ya tantos años.
Imagino que la idea de llamar a unos cazafantasmas televisivos fue del nuevo alcalde. El joven Thomas Smith tenía muchos planes para el pueblo. Sobre todo para sacarlo del anonimato. La mayoría no entendíamos que quisiera convertir la localidad en un centro turístico. Al fin y al cabo, en Witi- Waka apenas había paro y la vida tranquila sentaba muy, pero que muy bien a sus habitantes. Tampoco teníamos nada interesante que ofrecer a los forasteros, a no ser que haya alguien en el mundo interesado en los mosquitos gigantes de la ciénaga o en el nauseabundo café que servían en la cafetería de Tía Polly.
Pero, ¿qué sé yo de política y todo eso?
Bill, el rubio, y Murray, el moreno, me llevaron al instituto en su moderno todoterreno negro. Allí me esperaban ansiosos el director del espacio televisivo, un tipo de pelo canoso con pinta de conquistador de pacotilla al que todos llamaban Crown; el guionista, un imberbe pelirrojo llamado Lucian, y el cazafantasmas oficial, el rubísimo, bronceadísimo y supuestamente carismático (personalmente creo que hay patatas pochas con más personalidad que él) Lars Scott-Willson.
Todos me miraban sonrientes y expectantes. Y yo sin saber todavía qué demonios querían de mí.
-No tengo problema en ayudarles, aunque no sé en qué- les dije para romper aquel extraño y desconcertante silencio adornado con dientes sospechosamente blancos.
-¿No se lo han contado? ¡Oh, vaya! Estos chicos…- dijo el director con aire condescendiente.
-¿Contarme? ¿El qué? – pregunté cada vez más intrigada.
En ese momento apareció ante nosotros un chino muy bajito y muy cabreado que no dejaba de exclamar (supongo) en su idioma. El guionista le contestó calmadamente que todo se solucionaría, pero el chino siguió en sus trece hasta que decidió marcharse tan rápido como había aparecido.
-¿Qué le pasa a ese tipo?- pregunté a mis tres acompañantes.
-Acaba de perder su trabajo –dijo lánguidamente Lucian, casi como si temiera perder él también el suyo.
-Sí, ya no vamos a necesitar un traductor de chino para fantasmas- añadió Lars, todo dientes.  

-¿Un traductor de chino? – pregunté mientras me planteaba muy seriamente si en realidad no me había quedado dormida al lado del riachuelo y estaba teniendo una absurda pesadilla.

 www.freepik.es

domingo, 23 de junio de 2013

DESDE MI ORILLA

La orilla. Lugar cambiante (se mueve) en el que el mar y la tierra se encuentran. Porción de arena o de piedras lamido por las olas. Espacio por el que pasear. En el que soñar. Al que arribar.
Pero, ¿qué pasa si no se acaba nunca de llegar a la orilla?
Confieso que hasta ayer mismo no estaba muy convencida de llamar LA ORILLA DE LAS LETRAS a esta web. Había barajado otros nombres, pero todos estaban ya cogidos (nunca seré buena buscando títulos). Entonces mi amiga Beatriz Castro Vergara, con uno de sus comentarios en Facebook, me hizo darme cuenta de que en realidad LA ORILLA DE LAS LETRAS es perfecto para este nuevo proyecto que emprendo hoy.
Existen hoy en día montones de obras que flotan en un mar de dudas, sin llegar nunca a la seguridad de la tierra firme que es la edición. Da igual que le echemos la culpa a la crisis, a las nuevas tecnologías o a los extraterrestres (por decir algo): el caso es que hay muchos autores (como yo misma) que nadan y nadan a contracorriente, pero no terminan de conseguirlo. Yo creo que muchos de ellos se merecen la atención de los reseñistas y blogueros de internet.
En LA ORILLA DE LAS LETRAS voy a hablaros de temas relacionados con la literatura, ofreceros relatos, comentarios presentaciones de libros y otras noticias literarias interesantes, reseñar libros publicados y, ¿por qué no?, hablaros de autores en busca de una oportunidad y sus obras.
Bien, ¡comencemos!

En esta primera actualización hablaremos de:

-         Los motivos para escribir de la gente, en  Y TÚ, ¿POR QUÉ ESCRIBES?

-         Mi vida entre letras en ESCRIBIR, ESCRIBIR, ESCRIBIR.

-    Rescataremos del baúl de La Biblioteca Imaginaria la reseña de SIEMPRE HEMOS VIVIDO EN EL CASTILLO.

-     Y, por último, conoceremos a Milagros García-Lawson en la primera parte del primer capítulo del folletín del verano: LVEUM.

Y TÚ, ¿POR QUÉ ESCRIBES?

El otro día lancé una pregunta tanto en mi muro de Facebook como en el grupo de La Biblioteca Imaginaria de dicha red social, a ver qué pasaba.
La pregunta es la siguiente: ¿Por qué escribes?
Las respuestas que me llegaron no fueron muchas, pero creo que sí lo suficientemente significativas como para sacar ciertas conclusiones. Pero veamos primero lo que contestaron los que quisieron participar:

Beatriz Castro Vergara: Yo creo que es vocación. Y porque se vale. Hay gente que no sabe expresarse de esa forma y otra que nace con el don.

Jorge Magano: Porque no sé hacer otra cosa. Y porque me han puesto un plazo. Ay...

Eva Monzón Jerez: No hay razón, se escribe como se respira, porque se está vivo y escribiendo la realidad cobra una dimensión más, la de leerla a medida que se va escribiendo...

Juanjo Ruiz Ruiz: Para hacer soñar... 

     Totxo Kanalla: Por placer.

Eduardo Martínez-Abarca: Porque me divierte. Mucho. Siento la necesidad de compartirlo con otros. La esencia de escribir es tener lectores. Si no hay lectores no es escribir, es terapia. Y debe haber pocas cosas mejores que vivir de algo que divierte tanto. Bueno, quizá algún día.

Aída Albiar García: Porque es la forma de plasmar pensamientos, sueños e ideas y dejarlas juguetear libremente fuera de la cabeza. Si no escribiese sentiría morir la imaginación y tendría la mente sobrecargada. El escribir es para mí una necesidad, por encima de todo. Mi remanso de paz.

Alberto Corera: Porque es un impulso natural y una necesidad como el respirar, porque necesito vaciar el cacumen de mis fantasías para que otras que llaman a la puerta ocupen su lugar, porque es una forma de comunicar algo a los demás que de otra forma no sabría cómo transmitir, porque sí, no es fácil explicarlo, aunque ya lo haya hecho.

Sergio Soto Pérez: Yo voy a poner por qué no escribo. No escribo porque trastorna mi estabilidad emocional, me hace subir y bajar en una montaña rusa de sentimientos que va a descarrilar, lo mejor de mis escritos sale en momentos de desesperación y creo que no quiero pagar ese precio  o tal vez tenga miedo y me acomode en mi vida plácida )

Conclusiones que yo obtengo de todo esto:

-         El que escribe lo hace por vocación, porque en un momento determinado (o durante toda su vida), siente el deseo irrefrenable de sacar fuera de su cabeza todo eso que le ronda (ya sean historias de ficción, ensayo, poesía…)
-         Muchos nos expresamos mejor escribiendo que hablando.
-         Escribir es un acto terapéutico (aunque a veces nos pueda hacer sentir lo contrario).
-         Escribir es placentero.
-         El que escribe espera tener lectores en algún momento determinado.
-         El que escribe espera hacer que sus lectores sueñen, reflexionen, sientan algo con lo que ellos han escrito.


¿Crees que me he olvidado de comentar algo? ¿Quieres contarnos por qué escribes tú? ¡Adelante, deja un comentario! 

ESCRIBIR, ESCRIBIR,ESCRIBIR

Hay personas que recuerdan exactamente cuándo comenzaron a escribir: después de la lectura de tal o cuál libro, tras un desengaño amoroso, durante un viaje inolvidable… Creo que está bien poner fecha al momento en el que la inspiración llamó por primera vez a tu puerta y te dijo “¡venga, ponte a emborronar cuartillas!” (sueles quedar tan bien cuando te hacen una entrevista y puedes contarlo…).
Yo, sin embargo, no sabría decir cuándo comencé a plasmar en el papel las historias que pasaban por mi mente. Me recuerdo de pequeña, con unos siete años o tal vez ocho, con un lápiz y un cuaderno (algo más bien parecido a un block de dibujo) escribiendo un cuento tipo thriller que no sé si llegué a terminar (tal vez la apuesta era demasiado compleja para mi edad).
Puedo decir también que uno de mis cuentos me hizo ganadora de mi primer (y único, ¡qué patética existencia!) premio literario: el de tercero de EGB en mi colegio. (El premio, por cierto, el libro de HEIDI, lo disfruté muchísimo).
Más tarde, cuando me hice fan de NKOTB, una popularísima boyband, escribí montones de noveluchas (no lo digo despectivamente, es que no tenían mucha calidad que digamos, aunque yo las recuerde con cariño) protagonizadas por los chicos de la boyband y mis amigas del momento (fueron muchos años, yo fui cambiando de amistades) en las que la acción se parecía sospechosamente (¡je,je,je!) a la de las películas de moda de la época, y las chicas siempre acabábamos casándonos con nuestro chico favorito.
Sobre todo también por mi simpatía hacia los NKOTB, comencé a escribirme con montones de chicas de España, Europa y América. Tenía cuando comencé con tan ardua tarea (a veces, tenía hasta diez cartas o más por contestar) trece años, muy pocas amistades reales y muchas ganas de comunicarme. Pronto me di cuenta de que me era mucho más fácil expresarme escribiendo que por otro medio. Una pena que con las nuevas tecnologías hayamos perdido tan bella costumbre.
En el primer año de Universidad, tras ver aquella versión de Romeo y Julieta protagonizada por Leonardo DiCaprio, acabé escribiendo una especie de obra de teatro cutre en verso (la primera y única vez que me atrevo con algo parecido a la poesía. Y sí: todo rimaba y rechinaba. Pero, ¿y lo bien que me lo pasé escribiéndolo?).
Pasaron años en los que apenas escribí nada de ficción, o, por lo menos, no acabé nada de lo que tocaba. Entonces me atreví a apuntarme a un taller literario y conocí el mundo del cuento en profundidad. Concursé, quedé finalista de algunos certámenes, me desilusioné, volví a la novela, volví a desilusionarme, conseguí acabar una novela, otra vez me desengañé y… (En fin, ya veis que es una larga historia de la que, en otra ocasión, os daré más detalles.)
El caso es que siempre he escrito, de una u otra manera. He escrito cuando he estado triste. He escrito cuando he estado alegre. Me he forzado a escribir y he escrito sin forzarme porque era lo más simple del mundo. Incluso cuando no escribía, las historias rondaban mi cabeza y solo pensaba en el momento en el que pudiera ponerme a plasmarla en el papel.

No concibo mi vida sin la escritura. Es más: después de probarlo con otras cosas, me he dado cuenta de que lo único que quiero hacer es escribir. ¿Conseguiré algún día vivir de lo que escribo? No lo sé. Pero, ¿por qué no intentarlo? 

Reseña del archivo de LBI: SIEMPRE HEMOS VIVIDO EN EL CASTILLO. Shirley Jackson.

Título: Siempre hemos vivido en el castillo
Autora: Shirley Jackson
Traducción: Paula Kuffer
Editorial: Minúscula
Págs: 222
Precio: 18,50 €

¿Se puede llevar una vida más o menos apacible tras la muerte fortuita de casi todos los miembros de una familia? ¿Qué consecuencias tendría este hecho para los miembros de la familia que quedan, tanto a nivel interno (dentro del hogar) como fuera de ella (en el entorno más cercano)? ¿Hasta qué punto es necesario construir una nueva rutina para seguir adelante? Estas y otras muchas preguntas, casi todas la mar de siniestras, tienen su correspondiente respuesta en “Siempre hemos vivido en el castillo”, la genial novela de Shirley Jackson de la que hoy os hablaré.
Mary Katherine Blackwood es una chica de dieciocho años que vive en un gran caserón a las afueras de un pueblo americano junto a su querida hermana mayor, Constance, su tío inválido, Julian, y su gato Jonas.  La vida transcurre de forma apacible y rutinaria dentro de la casa. Los problemas surgen cuando Mary Katherine debe ir al pueblo a comprar. Allí todos odian a las hermanas Blackwood, especialmente desde que hace seis años murieran los otros miembros de la familia envenenados durante la cena. Las cosas se complican aún más cuando un misterioso y avaricioso primo llega a la casa de las chicas con la intención ya no solo de robar todo el dinero, sino de convencer a Constance de que salga de nuevo de casa y cambie de vida. Menos mal que ahí está Mary Katherine para velar por los intereses de las dos hermanas y mucho más.
He leído un sinfín de buenas novelas en mi vida. Pocas, sin embargo, me han parecido fascinantes tanto por el desarrollo de su trama, la psicología de los personajes, los diálogos y la atmósfera creada por el autor o autora. “Siempre hemos vivido en el castillo”, esta novela gótica de mediados del siglo pasado, sin lugar a dudas, es una de ellas. Ahora bien: como siempre me sucede con un libro que tanto me ha gustado, me temo que no sabré escribir una reseña perfecta. Si no quedáis satisfechos con lo que hoy escrito, os insto a leer el maravilloso posfacio que Joyce Carol Oates le dedica a este libro (lo encontraréis en las páginas finales).
La sospecha siempre sobrevuela las cabezas de los miembros vivos que quedan de una familia cuyos miembros, en su mayoría, han muerto asesinados de una u otra manera. Por mucho que estos miembros vivos intenten llevar una vida normal, siempre serán vistos con miedo por los demás. Esto sucede en parte con las hermanas Blackwood en “Siempre hemos vivido en el castillo”. Lo sorprendente es que, hasta cierta parte del libro, también haya burla por parte de sus vecinos. Una burla atroz. Por eso la pequeña Merricat teme tanto ir al pueblo a comprar provisiones.
Los vecinos son el enemigo, “los otros” hostiles. Nunca han soportado a las Blackwood, menos ahora que han absuelto a Constance de los cargos presentados y el crimen ha quedado sin castigo. Pero, ¿es que no tiene la chica suficiente con el encierro voluntario en el que vive?
Los amigos de las Blackwood son pocos, y nunca se sabe con qué intenciones llegan. Muchos, desde luego, están asustados. ¿Quién les dice que no volverá Constance a envenenar el té? Al fin y al cabo, ni siquiera se sabe qué la llevó a hacerlo en el pasado.
Pero sí, claro que hay una razón para todo esto. Las claves las encontraremos en Mary Katherine, esa protagonista y narradora tan rica en matices, esa chica oscura tan atrayente para el lector. Mary Katherine es muy inteligente, aunque se comporta como una niña en muchas ocasiones. Siempre se dice que tiene que portarse mejor con su tío Julian, aunque este ni siquiera sepa que existe. Sus pensamientos hacia los que no viven en la mansión son siniestros, aunque hacia su hermana mayor sienta un amor desmesurado. Es hábil en unas situaciones, torpe en otras tantas.
Os daré una pista: Mary Katherine y Constance no tienen una relación corriente entre hermanas, sin llegar a ser algo incestuoso. En realidad, todo es muy ambiguo, aunque también muy claro: Mary Katherine es la niña pequeña; Constance, la madre. Mary Katherine no tiene permiso para hacer algunas cosas, de ellas ha de encargarse Constance. Mary Katherine haría cualquier cosa por echar al primo Charles de casa y por que el amor de Constance fuera solo para ella. Y hasta ahí puedo leer.
O mejor digo algo más: el final de esta novela os resultará tan sorprendente como malévolamente encantador. ¿No os dan ganas de descubrirlo?
“Siempre hemos vivido en el castillo”, en definitiva, es una maravillosa novela gótica ambientada en una América profunda y discriminatoria con unas hermanas tan dulces como lúgubres y siniestras como protagonistas. Entra ahora en la casa de las Blackwood y descubre la importancia de la rutina, los escondrijos de Mary Katherine, todos esos secretos que los demás desconocen y que tan al descubierto quedan para los que sabemos atar bien los cabos. Estoy segura de que al principio las temerás, pero que poco a poco les irás cogiendo cariño hasta el punto de querer vivir tú también para siempre en el maravilloso y siniestro castillo de las Blackwood.
Cristina Monteoliva

LVEUM, Capítulo 1-1

Vinieron a por mí el último lunes de mayo, a eso de las cuatro.
Yo no estaba en la granja. Como todas las tardes desde que llegara el buen tiempo, me encontraba leyendo sentada en mi vieja hamaca con los pies metidos en el riachuelo, mi gorra azul bien encajada en la cabeza, mi vieja camiseta de Bon Jovi y una botella de agua bien fría.
Por la mañana había estado ayudando a la abuela con su famosa “limpieza de primavera”. Cuando acabamos de frotar, restregar, sacar la ropa de vera y guardar la de invierno, era demasiado tarde, por lo que no acercarme a la biblioteca de Witi-Waka. Ya había leído y releído todos mis libros, así que no me quedó más remedio que coger una de las viejas novelas (tapas desgastadas, páginas amarillentas) de mi abuela. Me arrepentí de ello nada más llegar al remanso de paz que hasta entonces había sido para mí el riachuelo. ¡Aquello era totalmente infumable!
Había algo en la historia, sin embargo, que me impedía dejar de leerla. Cada vez que apartaba la vista del libro y me fijaba en las tranquilas aguas, en aquel terrorífico insecto que intentaba saltar sobre mi brazo o en los campos de maíz en el horizonte, mi mente me obligaba a volver a sus páginas para averiguar qué más le pasaba a la pobre Peggy-Sue y a sus insoportables familiares. Era como si aquel horrible libro me tuviera hechizada.
Menos mal que llegaron ellos y me salvaron de seguir con la lectura. Solo Dios sabe lo idiota que podría haber acabado si hubiera continuado con las aventuras de aquella niña absurda. Aunque, por otra parte, ¿no hubiera sido mejor idiotizarse un rato más con aquel aborto de novela que descubrir lo que el destino me deparaba? Yo creo que sí.
Los dos muchachos vestían camiseta negra y pantalón vaquero de color claro. No era un día excesivamente caluroso (los habíamos tenido peores la semana anterior), pero ambos sudaban como si hubieran estado horas en una sauna. Tampoco respiraban muy bien que digamos.  ¿Y qué decir de aquellos andares torpes? Parecían dos mamuts a punto de desplomarse sobre el hielo que les serviría de tumba, ¡y ni siquiera debían de haber cumplido los treinta!
-Madre mía, y parecía que estaba cerca el condenado río- dijo el más gordo, que además era rubio y cejijunto, resoplando fuertemente.
-Las distancias engañan en estas praderas- dijo el otro, moreno y con el pelo largo, serio y medio ahogado.
-¿Es usted la señorita Milagros García-Lawson? – me preguntó el rubio. Y antes de darme tiempo a contestar, añadió con voz entrecortada:- Necesitamos que venga con nosotros al instituto Colinas Verdes.
-Déjenme adivinar: ustedes son los del programa de los fantasmas, ¿verdad?- dije mientras sacaba los pies del agua y buscaba la toalla para secármelos.
-Exactamente, señorita- dijo el moreno.
-¿Y para qué dicen que me necesitan? – pregunté un tanto distraída y extrañada (sobre todo porque no encontraba uno de mis calcetines. ¿Se lo habría llevado algún bichejo sin que yo me diera cuenta?).
-Nos ha surgido un problemilla que solo usted podrá solucionar – dijo el moreno.

-Venga y lo verá- dijo el rubio, sonriente. 

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