viernes, 27 de diciembre de 2013

Especial LOLA LÓPEZ MONDÉJAR

El último especial de LA ORILLA DE LAS LETRAS del 2013 lo dedico a la figura de Lola López Mondéjar, escritora, psicoanalista y mejor persona que domina tanto el cuento como la novela.
Los artículos que podréis encontrar en este especial son:

-      Entrevista (I)

-      El hombre pez, un cuento de Lola López Mondéjar.

-      Entrevista (II)

-      Reseña de Lazos de sangre.

-      Entrevista (III)

-      Reseña de La primera vez que no te quiero.

ENTREVISTA A LOLA LÓPEZ MONDÉJAR (I)

Lola López Mondéjar nació en 1958. Es psicoanalista y escritora, además de una persona encantadora que no duda en acercarse a sus lectores en las presentaciones, sonreír pase lo que pase y transmitir positividad allá por dónde va.
Sus narraciones invitan a los lectores a viajar por la mente humana. Ha publicado las novelas Una casa en La Habana, Yo nací con la bossa nova, No quedará la noche,  Lenguas vivas y La primera vez que no te quiero, y los libros de cuentos El pensamiento mudo de los peces y Lazos de sangre, además del ensayo El factor Munchausen: psicoanálisis y creatividad.
Si quieres saber más de ella, no dejes de leer los artículos de este especial que hoy le dedico.
Comenzamos con la primera parte de la extensa entrevista que me ha concedido: 

¿Cuándo comenzaste a escribir?
Empecé a escribir ficción casi al mismo tiempo en que aprendí a escribir. Inventaba cuentos que escribía en folios doblados, para que se parecieran un poco a los libros que leía. Luego los ilustraba con torpes dibujos infantiles. Me sentía muy orgullosa de ellos.

Pero, ¿qué fue primero: tu interés por la escritura o por hurgar en la mente del ser humano?
Primero sentí una fuerte vocación literaria, que continuó mientras estudié la carrera de Psicología y me formaba paralelamente en psicoanálisis. Creo que una vocación y otra iban de la mano porque lo que me interesa de la literatura es también el conocimiento del ser humano que comporta. Antes de la psicología, la literatura y la filosofía ya habían penetrado en la opacidad de la mente y de la conducta, la habían explorado con habilidad. Charlotte Brönte, Stendhal, Flaubert, Elizabeth Gaskell, Tolstoi, tenían una mirada aguda y analítica sobre los sentimientos y comportamientos de los hombres y de las mujeres, mucho antes de que Freud inventara el psicoanálisis. Por no hablar de Nietzsche, Shopenhauer o Kierkegaard, que avanzaron la idea de inconsciente.
Yo leía a esos autores y quería comprender como ellos a mis contemporáneos, usando las dos vías que estaban a mi alcance: los estudios de psicoanálisis y la lectura de textos literarios.

Si tuvieras que elegir entre cuento y novela, ¿con qué te quedarías?
No podría elegir. Uno y otra surgen de procesos creativos distintos sobre los que no tengo poder de decisión. De modo que si engendro un cuento daré a luz un cuento, si una novela, una novela. Son dispositivos muy diferentes tanto en su gestación como en la ejecución de su escritura; uno es inmediato, como una inspiración muy precisa, la otra dilatada, pues implica la construcción de un mundo que me lleva años diseñar y habitar. Para mí son necesarios ambos géneros. En Lazos de sangre exploré el cuento largo con total intención, y me pareció también delicioso. Supone poner en marcha un reloj que no es exactamente el de la novela ni el del cuento breve, pero igual de preciso y exigente que este último.

Has publicado en 2013 dos libros: “Lazos de sangre”, un recopilatorio de cuentos, y “La primera vez que no te quiero”, una novela. ¿Cómo se lleva la promoción de dos obras prácticamente a la vez?
Lazos de sangre se presentó en Madrid en noviembre de 2012 y he tenido casi todo  un año para promocionarlo, hasta que en septiembre de 2013 se presentó a la prensa, también en Madrid la novela. Entre uno y otro llevo más de un año de promoción, y esto es algo que cansa físicamente, pero que me interesa muchísimo como autora, porque entiendo que es en el encuentro con los lectores, y con los presentadores (elemento muy importante de la promoción) cuando se cierra el ciclo de la escritura. La recepción de la obra ayuda a entender aspectos que, aún estando incluidos en ella, me pasaron desapercibidos. Recibir en vivo la opinión de los lectores muestra tanto los límites de la obra (respecto a tus expectativas iniciales), como, por el contrario, su capacidad evocativa y de generar reflexión (que puede ir más allá de lo que esperabas de ella). Y esto es un aspecto muy importante para mí.

De manera que llevo bien la promoción porque me interesa intelectualmente lo que me devuelven los lectores, los críticos y la prensa.


EL HOMBRE PEZ, un relato de LOLA LÓPEZ MONDÉJAR

El hombre pez
                                                                                                         
                                               Para Lucía Puenzo  y Sergio Bizzio.

                                   Vivo en agraz, lo sé. Entre la muerte y yo,
                                               Una fina lazada. Camino hacia las aguas
                                               Y me sumerjo en vertical.
                                        
                                               Baila, baila, baila la Danza del Diablo Verde…
                                              
                                   Alberto Chessa[1]

La tumbona es el único obstáculo que interrumpe la superficie lisa de la arena. A pocos metros de un mar incansable, el azul y el blanco de sus franjas perfila su silueta, nítida desde la escollera. No podemos saber quién la ocupa, pues desde aquí los ojos no lo distinguen, pero si nos acercamos hasta ella podemos observar sin temor a molestarle a un hombre. Se llama Juan, y duerme. Su cuerpo menudo se hunde en el vientre de la lona y la cabeza reposa sobre uno de sus hombros estrechos, relajada. Acaricia su mejilla una manta de viaje de cuadros grises y rojos que lo cubre hasta el cuello. Hace frío, pero un sol estampado de nubes débiles calienta su frente.
Juan viene día sí y día también. Coloca la hamaca en el sitio de costumbre, da un largo paseo hasta el muelle, y regresa. Luego reposa tranquilamente mirando las olas. A menudo se queda dormido. No lee ni escucha la radio, sólo el rumor del mar que lo adormece. Sus ojos cansados miran al frente, hacia el horizonte que se confunde con el cielo. Cuando los hay, siguen a algún que otro velero que se recrea en un itinerario azaroso. Hace más de un año que se jubiló. Por debajo de su jersey de lana, un observador minucioso podría distinguir el relieve de un marcapasos incrustado en la piel de su pecho, justo encima de su corazón debilitado, desde hace ya muchos años; aunque hay días en que Juan olvida que lo lleva. Se sienta frente al mar y se olvida de todo. Ahora puede despilfarrar el tiempo, se dice a sí mismo, es lo único que puede malgastar. Lo deja pasar sin hacer nada. Unas pocas obligaciones domésticas que comparte con su mujer, y esa contemplación muda.
No falta nunca. Si llueve, espera a que la lluvia remita y coloca su hamaca en la arena húmeda, salpicada de cráteres como la superficie de la luna en miniatura. Y contempla el mar.
Se diría que toda su jornada está dirigida hacia esas horas vacías en las que Juan parece llenarse de algo. Entorna los labios y  se le escapa una lengua llena de accidentes, una grieta central casi la separa en dos. De niño, los niños se reían de él por culpa de su lengua. Ahora a Juan no le importa. La saca al sol tímidamente, y la deja ahí, en el umbral de su boca, como un reptil.
A menudo también estira sus piernas cortas, las desentumece, las separa y vuelve a juntarlas. Sus piernas se cabalgan y desaparecen; bajo la manta de cuadros bien podían ser sólo una, como la cola de un pez. Tiene las manos pequeñas, de palma ancha y dedos cortos. Manos de agricultor. Hasta los veinte años Juan nunca vio el mar y ahora no concibe cómo pudo pasarse sin él. No le gusta pescar, siente un pinchazo doloroso en el cielo del paladar cada vez que un pez inquieto sale del agua prendido en el anzuelo. Sufre por él. No puede mirarlo. Cuando el pescador lo suelta en el cubo, el pez abre y cierra la boca con desesperación, y Juan lo imita cuando lo mira, con un reflejo que ni siquiera percibe.
Hace más de un año que tiene esa costumbre que tira de él sin remedio; y cada día pasa más horas frente al mar. Su mujer se queja, pero sus protestas no van más allá de una reprimenda cariñosa cuando se le olvida la hora de la cena. ¿Qué comes tú?, le dice, toda la tarde en ayunas, eso no debe de ser bueno. Juan le sonríe. También a él se le hace extraño no haber sentido el murmullo del hambre. Serán cosas de la edad.
No sabe cómo es sentirse viejo, ni siquiera está seguro de que lo sea. A los sesenta y seis años su padre era un anciano, pero Juan, a pesar de sus problemas cardíacos, no se siente ni mucho menos como él. Mientras camina por la playa, de la hamaca a la escollera, de la escollera a la hamaca, Juan se siente un hombre joven. Es más, a veces tiene deseos de nadar, quiere zambullirse en el agua, que intuye fría, y recorrer el mundo. Si fuera pez lo haría. Le sobran fuerzas para intentarlo. Pero luego, su organismo le pide reposo. Y se lo da. Se relaja y medita. Mira la superficie del agua en movimiento y reproduce en su mente lo que él cree que encontraría debajo. Se pasea por el fondo del mar sólo con su imaginación, mientras su cuerpo descansa. Esquiva las rocas y avanza, rozando casi con el vientre las praderas verdes de posidonia.
Hace meses que en su interior suceden cosas. Lo sabe. La piel de sus brazos se ha vuelto más suave y ha perdido el vello negro que la cubría. Su cuerpo se está redondeando imperceptiblemente, como si adquiriera la forma de un huso. Los huesos se adelgazan, han desaparecido bajo el músculo, y Juan siente palpitar su corazón herido con el ritmo acompasado de un tambor. No está seguro pero, a veces, cree que sus dedos han retrocedido dentro de la palma de su mano. Imaginaciones.
Lo que no ha cambiado en este año ocioso es ese deseo secreto de convertirse en pez.
Hace semanas que Juan pasea de otro modo, inquieto. Deja sus zapatos delante de la hamaca y corre hacia el agua con impaciencia. Las olas bañan sus pies y, a veces la pernera de su pantalón, que se humedece, más oscuro, hasta la rodilla. Juan mira hacia el horizonte y resopla, se diría que está esperando a alguien. Qué tontería. Sus pasos no abandonan la línea del agua; llega hasta el malecón y, apenas toca los bloques de piedra, retrocede con prisa.
Desde la escollera, la hamaca se divisa como siempre en el sitio de costumbre. Podemos adivinar al hombre que reposa en ella, que duerme. Ahora, desde donde estamos, le vemos abandonar el vientre curvo de la lona con movimientos de inválido y dejarse caer al suelo torpemente; advertimos cómo se desliza por la arena con sinuosos movimientos de serpiente, cómo avanza decidido por ella, arrastrando el cuerpo al compás de sus brazos, inseparables las piernas. Le vemos alcanzar la orilla impulsado por la pelvis, que mueve de un lado a otro con elegancia anfibia, introducir en el agua la cabeza calva, ovalada, y los brazos cosidos al costado, hasta adentrarse en el mar glacial.
Le vemos, luego, desaparecer en él.




[1] En la radiografía apareció LA PIEL, Huerga y Fierro, 2013.

ENTREVISTA A LOLA LÓPEZ MONDÉJAR (II)

¿Cuál es tu relato favorito de “Lazos de sangre” y por qué?
No escribo los relatos pensando en un libro de relatos sino que cada uno surge en un momento concreto de mi vida, por razones que puedo conocer o no. De manera que, cuando los selecciono, elijo aquellos que me parecen los mejores, de ahí mi dificultad para señalar uno entre otros, puesto que todos han sido elegidos entre otros que quedaron en proyecto o definitivamente atrás.
No obstante, quizás Las invitadas tenga para mí un significado especial, pues parte de una anécdota vivida –una temporada en casa de una amiga veneciana–, que me sirvió para contar el comienzo de la desidealización que una hija hace de su madre, un proceso tan necesario en la vida de una futura mujer. Y, por supuesto, El hermano gemelo.

¿Te ha sorprendido que “El hermano gemelo” sea uno de los cuentos más comentados entre los lectores?
No me ha sorprendido. Fue un relato que se gestó muy lentamente, que me obligó a viajar a Oslo porque “quería ir al frío”, era lo que repetía con insistencia durante meses, y no sabía exactamente el porqué, pero sí que en el frío daría algo de mí que lo necesitaba claramente para expresarse. Lo escribí en Oslo, durante un viaje que hice con mi hija en febrero, a dieciséis grados bajo cero, disfrutando muchísimo de la ciudad helada. Vivo en un paisaje mediterráneo y quería sentir otra geografía radicalmente diferente, donde el blanco y el frío fueran omnipresentes, porque sentía que podría tocar nuevos registros. Como se puede observar en mi obra, me influyen muchísimo las ciudades, los ambientes.
Luego lo construí como si se tratase de una novela negra. Empieza con una muerte y un detective, y sigue con la investigación de la hija. Yo mismo disfruté mucho durante su escritura, y supuse que lo mismo les ocurriría a los lectores, como así ha sido.
Recuerdo que escribía de seis de la tarde hasta la hora en que salíamos a cenar. Segura de que nadie iba a interrumpirme. Un placer.

¿Por qué los matrimonios se acaban convirtiendo en “animales de compañía”?
Algunos matrimonios acaban convirtiéndose en animales de compañía, otros no. Imagino que serán muchas las causas. A menudo utilizo la literatura para explorar incógnitas que no puedo resolver desde mi profesión. Y esta es una de ellas. Las necesidades de apego del ser humano son infinitas, más poderosas que las de la pasión, y quizás sean ellas las que colocan la compañía (aunque sea muda, aunque comporte pérdida de la propia identidad) por encima de la independencia. Ser independientes nos aproxima a la soledad, una soledad muy temida por quienes sufren esa necesidad de apego tan fuerte.
Cuando se teme demasiado a la soledad se claudica, se minimizan todos los deseos si estos amenazan la presencia del otro, se sacrifican las propias aspiraciones en el altar de la compañía, y perdemos subjetividad, y nos convertimos solo en animales de compañía.

¿Por qué une tanto la sangre cuando a veces, tal y como vemos en tus relatos, hay tanto que nos separa con nuestros consanguíneos?

En nuestra cultura mediterránea la sangre une mucho. En el norte de Europa mucho menos. Es el imaginario cultural sobre los lazos de sangre lo que los hace tan importantes o los interpreta. No existen hechos, existen interpretaciones, afirmaba Nietzsche. Creo que esto está cambiando actualmente. Hoy nos enfrentamos más a la ambivalencia de esos lazos, con un pensamiento más, llamémosle “laico”, que los desacraliza, y observamos su aspecto oscuro, a veces letal (asesinatos de hijos a manos de los padre, de padres a manos de sus hijos, separaciones familiares por herencias, alejamiento y dispersión familiar que nos interrogan), y entendemos que, como todo afecto humano, los lazos familiares están compuestos de amor y de odio, de rivalidad y cooperación, de envidia y de gratitud, de celos y generosidad. En el libro quería mostrar todos esos matices.


LAZOS DE SANGRE, de LOLA LÓPEZ MONDÉJAR

Título: Lazos de sangre
Autora: Lola López Mondéjar
Editorial: Páginas de Espuma
Págs: 224
Precio: 17 €

Comienzo a escribir esta reseña un veintisiete de diciembre. Estamos en plenas fechas navideñas, y hace pocos días las familias se reunieron para festejar la Noche Buena y la Navidad. Algunas personas sé que lo pasarían la mar de bien en estas reuniones. Otras, no tanto. Y es que a veces los lazos de sangre unen; otras, separan; y otras, nos son totalmente indiferentes. Y si hay alguien que ha intentado con todas sus fuerzas ahondar en el tema desde los puntos de vista psicológico y literario, ésa es Lola López Mondéjar. Su libro, Lazos de sangre, es la prueba.
Lazos de sangre es un volumen compuesto por un total de dieciséis relatos impecablemente escritos que giran en torno a las relaciones familiares. Los ocho primeros son piezas extensas, algunas casi novelitas cortas, mientras que las ocho últimos, englobados todos ellos en un apartado titulado Petit fours, son mucho más breves (un par de páginas por pieza, generalmente).
Abre este libro Las invitadas, una historia sobre una madre que comete una pequeña locura en Venezia. La hija, menor de edad, se ve arrastrada por su progenitora, sin poder hacer nada para evitarlo. Los sentimientos encontrados son inevitables, así como el final de esta pieza.
La chica de Las invitadas no será la única que se verá “arrastrada”, por así decirlo, por su madre pues en Vicolo de D´Orfeo, Renzo, su protagonista, vivirá una situación similar. Similar, o no tanto, puesto que en este caso Renzo es ya mayorcito y su problema es que siempre ha vivido a la sombra de una madre que le mentía sobre el pasado de su hermana y su padre (del abuso que su padre ejerció contra su hermana, más bien). El despertar de Renzo es duro, pero también necesario.
Una desolación va, básicamente, de cuando los hijos han de hacerse cargo económicamente de los padres.
También de “hacerse cargo” de alguien nos habla Animales de compañía, pero de una forma bien distinta, pues en este relato lo que se nos plantea es hasta qué punto estamos dispuestos a renunciar a partes de nosotros (o a todo) por complacer al otro miembro de la pareja.
Me he divertido mucho leyendo El huerto. En este relato, una madre con visión de futuro, hace que toda su familia se embarque en una aventura postapocalíptica, ¡con éxito! Y es que cuando a una madre se le mete algo en la cabeza…
En La herencia lo que encontraréis no es un gran tesoro dentro de un armario, sino a un hijo que descubre tras la muerte de sus padres que ellos también, además de padres, eran humanos. Me pregunto si más de uno no cambiará la visión que tiene de sus progenitores cuando lea este cuento.
El hermano gemelo es un relato que ha tenido mucho éxito entre los lectores de este libro. No es de extrañar, pues en él no sólo se nos plantea el misterio de la muerte de la madre de la protagonista, sino, además, y fundamentalmente, la relación que existía entre la mujer madura y su hermano gemelo no nato, y la no relación entre hija y madre.
Pero si hay un relato especialmente desconcertante por la psicología de sus personajes ése es, precisamente, el que le da nombre al libro, Lazos de sangre. En él, nos encontramos dos tipos de relaciones muy distintas: la que mantiene la esteticista de la narradora con su sobrino, y la que la narradora mantiene con su marido. Si bien todo nos hace pensar que la principal es la primera, llegados a cierto punto de la narración, nos damos cuenta de que nada es lo que parece, o, mejor dicho, la narradora no es la mujer que creíamos. ¿A dónde nos llevará a parar esta mujer?
Los relatos englobados en Petit fours (Viola de gamba, Migraciones, Decepción, Cuestión de olfato, El pacto, Insatisfacción, No te perdono y Sospecha)  fundamentalmente analizan las relaciones de pareja desde distintos puntos de vista. Por Lo que predomina aquí es la tensión entre hombre y mujer que se aman (o ya no tanto): los pequeños celos, los grandes reproches, las diferencias irreconciliables, las infidelidades, las locuras cometidas por amor o por desamor… Todo ello, eso sí, con un delicioso sentido del humor que hará que el lector lea toda esta sección de un tirón, deseando un poco más al finalizar el libro.
Lazos de sangre quedó finalista en el prestigioso Premio Setenil de 2013. No es de extrañar, amigos, pues los cuentos que este volumen contiene, además de, como he dicho antes, estar magníficamente escritos, hacen vivir al lector un sinfín de emociones, a veces contrapuestos, mientras invitan a reflexionar sobre las relaciones familiares desde todos los puntos de vista imaginables, con todas sus consecuencias.
Si eres un amante de los buenos relatos, desde luego, éste es un libro que no te puedes perder.
Cristina Monteoliva

ENTREVISTA A LOLA LÓPEZ MONDÉJAR (III)

Julia, la protagonista de “La primera vez que no te quiero” es una mujer que ahora tendría más o menos tu edad; es, al igual que tú, psicoanalista y… ¿qué más tenéis en común? ¿Puede decirse que has usado partes de tu vida para construir este personaje y su historia?
Sin duda Julia es el personaje que más se acerca a mi biografía en algunos aspectos. También a la de una generación que fue la mía. Quería mostrar las dificultades para ser mujer, y también hombre (aunque en la novela atiendo menos a los personajes masculinos, los hombres nos eran muy desconocidos), de las jóvenes que nacimos en aquellos años. Analizar la fractura generacional que incrementó la natural tensión entre padres e hijos, en un  país en plena transformación de la dictadura hacia la democracia. Un mundo con tantos cambios, y tan rápidos, que Julia corre detrás de ellos intentando encontrarse. Entendí que estaba por hacerse un relato profundo de aquella generación, y emprendí la tarea con materiales que conocía de primera mano.

Julia es de esas personas que tropieza siempre con la misma piedra en el amor. ¿Por qué crees que las personas, en general, tenemos tendencia a reproducir los mismos malos pasos, por así decirlo?
Tropezamos en la misma piedra porque estamos constituidos por conflictos inconscientes que nos determinan, y que nos impelen a la repetición de determinadas posiciones frente a los otros, en el amor y en la vida en general. Solo un trabajo sobre esos conflictos y las determinaciones que acarrean puede modificar esa “compulsión a la repetición”, como le llama el psicoanálisis. A veces la vida nos ayuda sola a cambiar, otras es necesario la ayuda profesional para salir de ese círculo vicioso al que nos aboca la reiteración del inconsciente.

¿Crees que Julia está mejor sola o que encontrará alguna vez el amor?
Creo que Julia podrá encontrar el amor. Muchas mujeres de aquella generación lo encontraron a pesar de sus dificultades para comprender a los hombres,  a pesar de la revolución sexual y sus trampas, de la igualdad que sus propios compañeros de izquierdas promulgaban pero que, difícilmente, llevaban a la práctica. Y de todas las contradicciones que esto comportaba y aún hoy comporta. A pesar de todo, muchas de aquellas mujeres fueron moderadamente felices.


¿Y llegará alguna vez a entender la postura de sus padres?
Ya en la misma novela Julia comienza a entender a sus padres. Hay todo un proceso de reparación, de perdón, de progresivo acercamiento hacia la madre que se culmina al final. Los padres de Julia fueron, a su vez, víctimas de un catolicismo a ultranza, de la dictadura, de la ignorancia, y Julia acaba comprendiendo, claro que sí, está explícito en la misma novela, insisto, acaba sintiéndose parte de ese engranaje, un híbrido entre sus raíces y los cambios que no puede dejar de vivir. Hay una especie de elenco, no me atrevo a llamarlo poema, que es todo un reconocimiento de esta deuda y de este amor a sus padres.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en la lectura de estas dos obras tuyas?
Según me han devuelto los propios lectores, tanto Lazos de sangre como La primera vez que no te quiero tienen un enorme poder de evocación, pues invitan a reflexionar y a pensarse a sí mismo con las preguntas que se hacen los protagonistas, o con los acontecimientos que estos viven. Creo que la reflexión está muy ninguneada en el pensamiento hegemónico actual, que opta por una propuesta de dispersión superficial de la atención en informaciones múltiples, nada críticas o analíticas. Y opino que la literatura es un instrumento idóneo, una guía para poder reflexionar sobre la vida, sobre cómo es la vida humana. Mis lectores se sumergen en esa propuesta y piensan. Es ya mucho.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
De momento estoy disfrutando de la lectura de autores que me interesan, como Clarice Lispector o Alice Munro, pero tengo en mente una novela (en realidad, la tengo en mente desde hace dos años), que necesitará todavía mucho tiempo para que se concrete, y un trabajo teórico sobre creatividad y psicoanálisis en el que pretendo profundizar en las tesis de mi libro anterior sobre el tema, El Factor Munchausen. Si nace algún cuento, lo recojo y lo guardo, sin ninguna prisa. Digamos que estoy sembrando.

¿Te gustaría añadir algo antes de acabar esta entrevista?
Sí, gracias por tu lectura, y por la atención que le prestas a mi obra.

Muchas gracias a ti por tu tiempo, tus palabras y el material que nos has facilitado. Y, sobre todo, por tu amabilidad y tu positividad. Espero que el 2014 te traiga muchas alegrías, en todos los sentidos, ¡y nuevas lecturas para nosotros, los lectores!


LA PRIMERA VEZ QUE NO TE QUIERO, de Lola López Mondéjar

Título: La primera vez que no te quiero
Autora: Lola López Mondéjar
Editorial: Siruela
Págs: 272
Precio: 18,95 € / 9,99 € (epub)

La transición española y la necesaria revolución que vino después a primeros de los ochenta en nuestro país, son épocas que dan para mucho, sobre todo cuando el que escribe las ha vivido y quiere (y, sobre todo, puede) contar historias que inviten no sólo a conocer estos años, sino también a reflexionar acerca de la ruptura de aquella generación con la anterior, la libertad que todo aquello nos trajo a las siguientes generaciones, los cambios sociales, etc. De todo esto y mucho más precisamente va La primera vez que no te quiero, la novela de Lola López Mondéjar que a continuación os comento.
La tía de Julia le confesó un día a su sobrina que su madre intentó ahogarla cuando sólo tenía dos meses de vida. Desde entonces, Julia se siente como si le faltara el oxígeno. Podría decirse que esta misma anoxia es la que vive toda su generación de chicos y chicas nacidos en el franquismo que llegan a la edad adulta durante la transición a la democracia; de estos jóvenes que ponen patas arriba la sociedad mientras descubren formas nuevas de vivir la vida. Pero no hablemos de todos ellos. Hablemos sólo de Julia, pues esta es su historia. Julia, la que tuvo un marido al que dejó por un señor oscuro que la introdujo en el mundo de las libertades sexuales. Julia, la estudiante de psicoanálisis. Julia, la que viaja por el mundo y por la vida, en general. Julia, la que analiza, reflexiona y comprende, finalmente, que la generación de sus padres era bien distinta a la suya y aunque son muchos los pasos adelante dados, todavía queda mucho por andar.
La primera vez que no te quiero es una novela singular por distintos motivos. El primero, por su enigmático título, que tanto nos dará que pensar antes, durante y después de la lectura. Al fin y al cabo, ¿a quién no quiere ya Julia? ¿A sus hombres, a sus padres, a sí misma…?
Después, porque está escrita como un capítulo único en el que se intercalan las narraciones de la infancia de Julia con la de su edad adulta, como si se tratara de un libro de relatos breves que se relacionan por el hilo conductor de la historia, llegando al final de la misma historia a cerrarse de forma perfecta el círculo narrativo.
La tercera, por la propia personalidad de su protagonista, Julia, una mujer que estudia psicoanálisis para analizarse a sí misma y a su entorno, y tal vez por fin aprender qué camino seguir para ser feliz; y por su forma de narrar, tan culta a la vez que tan inocente; tan llena de contradicciones; tan rica en matices. Tan auténtica, en definitiva.
Julia cree que le marcó el intento de ahogo por parte de su madre, cuando, en realidad, lo que marca su existencia es la indiferencia con la que la tratan unos padres que se casaron porque era lo correcto en la época; que tuvieron hijos porque había que ternerlos, pero que luego tanto les costó quererlos. Así, Julia crece entre unos padres que la miran, pero que no la ven; unos progenitores que la prestan a otros familiares para que sean felices a la primera de cambio, sin preocuparse por lo que siente o necesita de verdad su hija para ser feliz ella misma.
Más tarde, como descubriréis en esta obra, Julia tiene varias relaciones fallidas, sobre todo por su obsesión por idealizar a los hombres a los que ama. Sus decisiones parecen llevarla a la soledad, pero, ¿quién sabe si no llegará a obtener algo bueno de todos ellos al final?
Llama también la atención que Julia parezca no desprenderse del fantasma del pueblo, del estigma rural, de ese “yo nací en una familia humilde, en un lugar pequeño y nada culto, y no quiero ni pensarlo”, cuando en realidad todo queda muy atrás. Empieza a hacerlo justo en el momento en el que Julia comienza a estudiar en la universidad y viaja, aprende de la vida y cambia las reglas sociales. Me pregunto cuántas personas no sentirán también ese extraño pesar, en vez de sentirse orgullosas de sus orígenes menos pudientes, tanto económica como culturalmente, hoy en día.
Y dejo ya de contar, que si no, os acabo destripando toda la novela
Definitivamente, La primera vez que no te quiero, además de mostrarnos de la mano de un personaje tan entrañable como Julia cómo fueron los ochenta para toda una generación de jóvenes con ganas de cambiar las cosas, es una novela que invita a reflexionar en las diferencias generacionales, la evolución a pasos agigantados de la sociedad española, las relaciones familiares y sentimentales y un sinfín de temas que conocerás sólo si te decides por su lectura. ¿Te atreves a dar el paso?
Cristina Monteoliva 

jueves, 19 de diciembre de 2013

SEGUNDA ACTUALIZACIÓN DE DICIEMBRE, 2013

En esta actualización encontraréis los siguientes artículos:




-Rseña de EL CIELO EN UN INFIERNO CABE, de Cristina López Barrio. http://www.laorilladelasletras.com/2013/12/el-cielo-en-un-infierno-cabe-de.html

¡FELICES FIESTAS Y FELICES LECTURAS!




LOS LIBROS QUE NUNCA REGALARÍAS EN NAVIDAD

Jamás una pregunta de la semana tuvo tantas respuestas como la de esta semana. Y es que la cosa tiene miga… O, al menos a mí me lo parece… La pregunta en cuestión es: ¿QUÉ LIBRO NO REGALARÍAS EN NAVIDAD NI A TU PEOR ENEMIGO? Aquí van las respuestas de todos lo que han deseado participar en Facebook:

Gusa Pira Yo ni siquiera regalo libros a los amigos, a no ser que sepa con total seguridad que acertaré, es decir, que me lo hayan pedido explícitamente. Me parece un regalo personal, que requiere conocer los gustos de la persona, no como otros regalos más genéricos de los de "cumplir expediente". A mi peor enemigo, directamente, no se me ocurre motivo para regalarle nada más allá de una pedorreta o un corte de mangas. Si de lo que se trata es de un regalo de compromiso para alguien que me cae mal suelo elegir cactus, cuanto más llenos de pinchos, mejor.

 Adolfo Caparrós Gómez de Mercado No regalaría La república de Platón. Además de nada Navideño es un somnífero potentísimo, solamente se lo regalaría a alguien que necesitara conciliar el sueño.

Luis Vea Los libros de Aznar, Zapatero, Solbes. Ya tuvimos bastante con la realidad para ahora leer sus sueños de grandeza.

Ferran Canetenc 1- Algunas de las novedosas y millonarias memorias políticas, porque no quiero colaborar con la corrupción.
 2- El ocho,... Que peñazo, por Dios. Tengo declarada a Catherin Neville persona non grata en mi casa.
A Coelho también lo tengo vetado.

Gádor Vigo Willow, como hicieron el libro a partir de la película es como una especie de spoiler gigante.

Laura Corral Pues si "El ocho" no te gustó, "El fuego" es aún peor... yo no regalaría a Paulo Coelho. Ni a cualquiera de esa gente que sale en la tele y al poco publica un libro. Famosos, famosetes y demás.

Deivid LopRod No regalaría el de la Esteban (no es necesario que lo explique) y libros similares... que los hay.

Ester Damon Pues en la corte del lobo, de Hilary Mantel. De parte de mi madre. Una porquería de libro, pestiño no, lo siguiente. (la hice que lo buscará)


Inma Leon El de la Esteban!!!

Víctor Cassini Yo, saliéndome un poco por la tangente, propongo mi propio engendro: "Conversaciones entre Sánchez Dragó y Belén Esteban: la trilogía". Con prólogo de González Sinde. Publicado por Planeta, por supuesto.

Silvia de Quintana Yo no puedo con superventas Zanón. La sombra del viento es, de largo, una de las peores novelas que he leído. Corín Tellado reencarnada.

Carlos Navarro A mí me gusto Zafon. Aunque mi paladar no es demasiado exigente... El que regalaría si quisiese provocar la muerte por lectura sería el primero de Dan Brown, La fortaleza digital, o como digo yo, la fortaleza genital. Porque manda cojones lo malo q es. Y mira q luego ha hecho cosas más dignas... Pero ese se me saltan los puntos solo de recordarlo.

Eva Tobalina A mí tampoco me gustó nada la primera novela de Zafón, y me aburrió soberanamente La Catedral del Mar, de Falcones, por poner dos ejemplos de libros muy regalados en Navidad que yo jamás regalaría. Pero si hay una novela a la que le tengo auténtico paquete es a Baudolino, de Umberto Eco. Además tras Baudolino me he negado a leer nada más del italiano del odio que me generó. Si le tuviera un especial paquete a alguien le regalaría mi ejemplar. Firmado.

Ester Damon Uf, yo la catedral del Mar, la leí tres veces y me sigue gustando. Igual que Neville que me encanta. Pero el que he dicho ni regalado mola, que a mi madre se lo regalaron y no mola nada.

Alberto Melgar Chimil La obras completas de Freud, me las tuve que leer en la universidad todavía tengo pesadillas con los 38 tomos.

Pilar Ibáñez Palacios No me gusta Dan Brown: ninguno de sus libros pero ni a mi peor enemigo le regalaría libros del Usia, Sanchez Dragó o los cuentos de Ana Botella, por poner un ejemplo.

Clasina Beltran El código secreto de la biblia. No se lo regalaría a nadie ni en Navidad ni en verano.


Granada Hasta Cualquiera de Saramago.....está claro, no hay que decir más.

LIBROS QUE NUNCA REGALARÍA...

-Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique.
-Política para Amador, de Fernando Savater.
-Cualquiera de esos personajes de la tele, o de esos políticos, o de todo aquel que me parece que con contar sus historias en los medios, ya tienen bastante.

Y ya está. No me enrollo más con el tema.

Dicho esto… ¡tened mucho cuidado con las lecturas que regaléis estas fiestas! 

EL CIELO EN UN INFIERNO CABE, de Cristina López Barrio

Título: El cielo en un infierno cabe
Autora: Cristina López Barrio
Editorial: Plaza & Janés
Págs: 624
Precio: 19,90 € / 11,99 € (epub)

La Santa Inquisición hizo un daño atroz a muchísima gente mientras su poder estuvo vigente. Al fin y al cabo, ¿cuántas personas morirían acusadas por sus integrantes o por sus propios vecinos de brujería? ¿Cuántos inocentes se pudrirían en sus cárceles injustamente? Hoy en día sabemos que no había brujas, que todas aquellas acusaciones se debían a supersticiones, envidias o codicia. Pero, ¿y si las hubiera habido? Tal vez hubieran sido un poco como Bárbara, la protagonista de El cielo en un infierno cabe, la novela de Cristina López Barrio que a continuación os comento.
Toledo, año 1625. La Santísima Inquisición mantiene presa a Bárbara, una misteriosa mujer acusada de brujería. No se sabe si en su defensa o tal vez para añadir más cargos en el caso, aparece otra mujer, Berenjena. Berenjena dice conocer bien a la acusada desde su nacimiento, pues ella misma la recibió en el hospicio madrileño en el que ambas vivirían tantos años. Según la testigo, la niña no sólo sobrevivió a la peste, sino que también con sus manos sanadoras curaría a otro bebé huérfano, de nombre Diego, y al que estaría por siempre unida. La cuestión es: ¿se trata este de un caso de brujería o de un milagro? 
Perdonad si la sinopsis que os acabo de plantear no está muy lograda. El caso es que se me hace difícil elaborar un párrafo en el que no desvele las claves de la novela, o que no se parezca en exceso a la sinopsis que encontraréis en este volumen.
Puedo deciros, eso sí, que esta novela narra la vida de Bárbara, esa mujer extraordinaria con ciertos poderes curativos, desde distintos puntos de vista. Así, en la primera parte de la novela, predomina la voz narrativa de Berenjena,  la mujer de extrañas intenciones que tan bien conoce la infancia de aquella niña que misteriosamente llegó a un hospicio en medio de una plaga de peste; en la segunda, nos encontramos con la voz narrativa de la propia Bárbara, que nos habla de sus aventuras y desventuras en el mundo de la magia después de dejar el hospicio; y, por último,  la del narrador omnisciente, ya al final de la obra (debería ser una tercera parte, aunque no sea así en el libro) que nos muestra el cómo concluye la estancia en la prisión de Bárbara.
También os puedo contar que sobre la joven Bárbara se cierne un gran misterio, el de sus mismos orígenes. Este misterio hace que la mayoría de los que intenten desvelarlo acaben muertos. Incluso los que menos esperamos en esta novela. La verdad en la obra nos dará a entender que todo eso que la Inquisición proclamaba sobre los judíos y sus prácticas mágicas es totalmente verdad, al menos, insisto en el universo de esta historia, y que el amor todo lo puede.
Encontraréis muchos personajes a lo largo de las numerosas páginas de esta novela. Para mí, sin embargo, todo gira entorno a Bárbara, la niña con poderes curativos; Diego, el niño huérfano tan unido a la protagonista de esta novela; Berenjena, la moza que tanto tiene que contar; y aquel miembro del tribunal de la Inquisición tan extraño como importante a la hora del desenlace final.
El cielo en un infierno cabe no es una novela histórica, aunque transcurra en las ciudades de Toledo y Madrid del siglo XVII y muchos de los acontecimientos que narre pudieran haber tenido lugar. Se trata ésta más bien de una novela fantástica con tintes románticos o viceversa, pues buena parte de la trama gira en torno a la magia y al triángulo amoroso entre Bárbara, Diego y un tercero en discordia. Una novela ideal para los amantes de las historias apasionadas, las grandes aventuras y la magia. ¿Te atreves a comprobarlo?

Cristina Monteoliva

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Lecturas y reflexiones antes de Navidad...

Se acercan las fiestas y, de pronto, salen los libros de las vidas de los famosos como champiñones. También otras publicaciones, aunque, ¿se les hace caso a muchos de esos otros libros con menos publicidad porque sus autores no salen en la tele? Y yendo más allá, ¿cuántos libros ni siquiera se habrán llegado a publicar, aun mereciendo la pena, porque sus autores no han encontrado editorial? Pensemos en el tema, aparte de otras cosas, en esta actualización:

-          -Pregunta de la semana: ¿hay que dejar las obras aparcadas en un cajón sí o no?

-         - La muerte del cajón.

-          -Reseña de la semana: Una verdad delicada, de John le Carré.  http://www.laorilladelasletras.com/2013/12/una-verdad-delicada-de-john-le-carre.html



Por cierto… ¡FELIZ NAVIDAD!